Las 3 Señales del Mesías

Los fariseos en la época de Jesús enseñaban que cuando viniese el Mesías podría ser reconocido por 3 señales que solamente él podría llevar a cabo:

• Sanar a un leproso.
• Echar el demonio de un mudo.
• Sanar a un ciego de nacimiento.

Primera Señal: Jesús sanó a un hombre lleno de lepra

“Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él.”
Lucas 5:12 y 13

La lepra era considerada un castigo de Dios por desobedecer la Ley de Moisés, por tanto, sólo Dios podría sanarla.

Una persona con lepra vivía en soledad, apartada de su familia y de sus amigos, con un poco de suerte, podría encontrar otros leprosos y conseguir el apoyo y la ayuda de otros que sufrían su misma desgracia . . . en el libro de Levítico vemos lo que los leprosos tenían que hacer para evitar que otras personas pudiesen contagiarse:

“El leproso que tenga llagas llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y con el rostro semicubierto gritará: “¡Impuro! ¡Impuro!”. Todo el tiempo que tenga las llagas, será impuro. Estará impuro y habitará solo; fuera del campamento vivirá.”
Levítico 13:45 y 46

Ningún judío, bajo la Ley, declarado leproso por el sacerdote, había sido sanado de lepra en Israel, NADIE bajo la Ley había sido sanado hasta que vino el Mesías.

Después de la sanidad de este hombre “lleno de lepra” ¿qué le dice Jesús?

“Y él le mandó que no lo dijese a nadie; sino vé, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos.”
Lucas 5:14

Jesús le dice lo que enseña la Ley de Moisés acerca de una persona que ha sido sanada de lepra, ahora bien, el sacerdote se quedaría MUY sorprendido al ver que un leproso había sido sanado (para ver el ritual de purificación de un leproso, véase Levítico 14). Está claro que el sacerdote cuando confirmó la sanidad de este hombre, tuvo que pensar que el Mesías podría haber venido, que ese tal Jesús podría ser el verdadero Mesías de Israel. De hecho, Jesús sabía que cuando el sacerdote confirmase la sanidad del leproso, este caso sería llevado al Gran Sanedrín y comenzarían a observar cada palabra y hecho de Jesús. Es muy significativo que después de esta primera señal mesiánica, Jesús se apartase a orar.

“Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.”
Lucas 5:16

Jesús estaba orando por los miembros del Gran Sanedrín para que pudiesen aceptar al Mesías que estaba caminando entre ellos.

Después de esta señal mesiánica, los fariseos y maestros de la ley vinieron de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén a ver y escuchar a Jesús para comprobar si era realmente el Mesías.

“Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén . . .”
Lucas 5:17

Si una persona afirmaba ser el Mesías, entonces el Gran Sanedrín debía investigar el asunto y se procedía a la fase de observación, en esta fase no podían hacer preguntas, solamente podían observar lo que la persona investigada (el posible Mesías) decía, enseñaba y hacía. Si se creía que esa persona podría ser el Mesías o si se creía que dicha persona podría ser una amenaza (de alguna manera), entonces, se pasaba a la segunda fase, la fase de las preguntas, en esta fase, se podría hacer preguntas a la persona investigada o a sus seguidores.

Cuando los fariseos y doctores de la Ley vienen de todo Israel a escuchar a Jesús se encuentran en la primera fase, por eso, no le hacen preguntas, ni se dirigen a él.

“Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados. Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios. Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas.”
Lucas 5:17-26

Cuando los fariseos y doctores de la Ley volvieron a Jerusalén y se dirigieron al Gran Sanedrín, según lo que hemos leído, dirían: “una de dos . . . o este hombre es el Mesías o es un blasfemo”. Es a partir de este momento cuando comienza la fase de las preguntas. Por eso, ahora vemos como le preguntan y le contradicen en muchas ocasiones.

Segundo: Jesús echa el demonio de un mudo

“Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David?”
Mateo 12:22 y 23

Los exorcistas en el Judaísmo de la época de Jesús, cuando echaban fuera un demonio, debían hacer tres cosas:

• Establecer comunicación con el demonio.
• Averiguar el nombre del demonio.
• Echar al demonio usando su nombre.

Como un mudo NO puede hablar, sería imposible que los exorcistas pudiesen conseguir el nombre del demonio, por tanto, enseñaban que solamente el Mesías, en este caso, podría liberar a la persona endemoniada.

Cuando Jesús realiza esta señal, la respuesta de los que estaban presentes fue: “¿Será éste aquel Hijo de David?”, es decir, “¿Será este el Mesías?”. Debemos recordar que los maestros de la Ley habían enseñado al Pueblo que solamente el Mesías podría liberar a un mudo endemoniado, por eso, es normal la pregunta que se hicieron concretamente en esta liberación.

¿Qué harían los líderes espirituales del Pueblo al ver las señales mesiánicas que ellos mismos habían enseñado al Pueblo de Israel para reconocer a su Mesías? Al NO querer aceptarle como su Mesías, tuvieron que inventarse algo para justificar lo que Jesús había hecho, esto es lo que dijeron:

“Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios.”
Mateo 12:24

Tercero: Jesús sana a un ciego de nacimiento

“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?”
Juan 9:1 y 2

En la época de Jesús cuando un hombre nacía ciego se creía que era por un castigo de Dios debido a un pecado en particular, los discípulos querían saber si este hombre ciego de nacimiento pecó para nacer así o fueron sus padres. Algunos fariseos afirmaban que un niño podía pecar en el vientre de su madre, ¿pecó este hombre cuando estaba en el vientre de su madre o pecaron sus padres de alguna forma?

“Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.”
Juan 9:3

Aunque Jesús contesta diciendo algo que iba en contra de la teología de los fariseos al afirmar que la ceguera no era por un pecado del ciego ni de los padres, debemos entender que en dicha teología se decía que para que un ciego de nacimiento fuese sanado, Dios debía intervenir de una forma sobrenatural, ya que Dios era el causante. Cuando Jesús sanó a este ciego, estaría demostrando que Dios estaba con ÉL, que lo que hacía era la obra de Dios y que Él era el Mesías prometido.

“Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Vé a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.”
Juan 9:6 y 7

Jesús escupe en la tierra y hace lodo, Jesús NO guardó las enseñanzas de los fariseos, no guardó las tradiciones de los ancianos, según la Ley de Moisés, en Shabat NO se podía hacer ningún tipo de trabajo y los fariseos consideraban que mezclar saliva y tierra era una forma de trabajo, si hubiese escupido en una piedra, no habría pasado nada, pero al escupir en la tierra y hacer lodo, Jesús estaba quebrantando las enseñanzas de los fariseos y estas enseñanzas, según ellos, eran parte de la Ley que Dios entregó a Israel (la Ley Oral). Por tanto, para los fariseos, si alguien quebrantaba sus enseñanzas, estaba quebrantando la propia Ley de Moisés.

“Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros: A él se parece. Él decía: Yo soy. Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Vé al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? Él dijo: No sé. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.”
Juan 9:8-13

Los que habían visto a este ciego y sus vecinos sabían lo que enseñaban los rabinos: un ciego de nacimiento solamente podía ser sanado por el mismo Dios. Según las enseñanzas de los fariseos, un ciego de nacimiento solamente sería sanado cuando su pecado fuese perdonado y solamente el Mesías podía tratar con el pecado de los hombres y con sus consecuencias.

Cuando llevaron al ciego a los fariseos, sus conocidos y vecinos estaban diciéndoles: “Mirad, alguien sanó a este ciego de nacimiento y vosotros nos habéis dicho y enseñado que sólo el Mesías puede abrir los ojos de los que han nacido ciegos”. La respuesta que se esperaba de los fariseos NO llegó porque no quisieron reconocer que Jesús era el Mesías.

“Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. Él les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta. Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego; pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo. Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.”
Juan 9:14-22

Los fariseos no reconocieron que Jesús era el Mesías porque según ellos, Jesús había quebrantado el Shabat. Algunos no creían que el hombre había nacido ciego. Los fariseos negaron lo que habían estado enseñando (que solamente el Mesías podría sanar a un ciego de nacimiento) y también negaron el propio milagro.

Cuando le preguntan al ciego, la respuesta que dio fue correcta, pero no fue una respuesta completa, el que había sido ciego dijo que Jesús era profeta, todavía no se atrevió a decir que era el Mesías abiertamente, incluso los padres tenían miedo cuando contestaron a los fariseos porque reconocer que Jesús había sanado a su hijo, sería reconocer que Jesús era el Mesías prometido e implicaría ser expulsado de la Sinagoga y del Templo.

“Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? Él les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea. Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.”
Juan 9:24-34

La expresión que usan los fariseos cuando dicen “da gloria a Dios” quiere decir “decir la verdad”, “dar gloria a Dios” es un hebraísmo, los fariseos NO estaban diciendo: “qué bueno has sido sanado, da gloria a Dios”, los fariseos lo que estaban diciendo era: “di la verdad, nosotros sabemos que ese hombre es pecador”, la respuesta del que había sido ciego es sorprendente: “Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”, con estas palabras el hombre les está diciendo: ahora ya no creo vuestras palabras, ahora ya no creo lo que decís, ahora creo lo que yo he experimentado: el amor y la misericordia de Dios, “habiendo sido ciego, ahora veo”, habiendo sido rechazado, ahora he sido aceptado, habiendo sido pecador, ahora he sido perdonado. Aunque los fariseos intentaron convencer al hombre que Jesús era un pecador por quebrantar la Ley, el que había sido ciego mantuvo su testimonio y afirmó que Jesús venía de Dios y que era el Mesías porque solo el Mesías podía abrir los ojos a uno que había nacido ciego.

“Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer.”
Juan 9:31-33

Estos fariseos se quedaron con sus leyes, con sus mandamientos, con su teología y con sus pecados, no quisieron creer en Jesús, no quisieron ser sus discípulos y lamentablemente, rechazaron al Mesías de Israel y al Salvador del Mundo . . .

“. . . nosotros, discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea . . . Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.”
Juan 9:34

Aunque el que había nacido ciego fue rechazado y expulsado por los hombres religiosos, fue amado y aceptado por Su Dios. La luz del mundo trajo la luz a su corazón y a su vida.

Por todo esto, cuando se acercan algunos escribas y fariseos pidiendo una señal a Jesús, después de no haber querido reconocer las señales que YA había hecho demostrando que él era el Mesías, la respuesta de Jesús no debe sorprendernos, veamos:

“Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal. El respondió y les dijo: La generación MALA y ADÚLTERA demanda señal; pero señal NO le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.”
Mateo 12:38 y 40

Después de las sanidades y milagros que Jesús hizo, incluso después de ver estas tres señales mesiánicas, le siguen pidiendo señal, por eso, a partir de este momento, Jesús ya no haría nada para demostrar (excepto su muerte y resurrección) que era el Mesías, a partir de estas palabras, Jesús sanaría por la fe de los que acudían a Él con una necesidad.

Después de estas señales y de la investigación realizada por el Gran Sanedrín, la conclusión de los líderes del Pueblo de Israel fue que Jesús era un pecador, un blasfemo y un endemoniado.

¿Y qué pasó con los gentiles? ¿Aceptaron a Jesús? ¿Creyeron en Él? ¡NO! Cuando Jesús liberó a dos endemoniados, toda la ciudad se acerca a Jesús y le dice:

“Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos.”
Mateo 8:34

Por tanto, Jesús cuando vino a la tierra, fue rechazado por el mundo: tanto por los judíos como por los gentiles.

“En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo NO le conoció.”
Juan 1:10

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? . . . Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas EL SEÑOR cargó en él el pecado de todos nosotros.”
Isaías 53:1,3-6