¿Religión o Relación?

Yeshua NO vino a la tierra a traer una nueva religión llamada Cristianismo, Yeshua vino a restaurar la relación que el hombre tenía con Dios en un principio. Yeshua es el camino que nos lleva al Padre.

Por medio de todo lo que Yeshua hizo por nosotros, ahora podemos ser hijos de Dios (Jn. 1:12) y podemos llamar a Dios ABBA (papá), Padre (Ro. 8:15).

A la hora de la verdad la religión NO nos va a servir de nada, la religión nos lleva al autoengaño y produce en nosotros un falso sentimiento de seguridad, sin embargo tener una relación íntima y personal con Dios nos va a llevar a la verdad y va a producir en nosotros una verdadera confianza y seguridad.

La religiosidad crea una fachada de espiritualidad que, más tarde o más temprano, se desvanece, sin embargo, cuando tenemos una relación genuina con Dios, no tenemos una fachada, tenemos una REALIDAD y esta realidad es la presencia de Dios en nuestras vidas.

“Y salió Israel para enfrentarse en batalla con los filisteos y acampó junto a Eben-ezer, mientras que los filisteos habían acampado en Afec. Los filisteos se pusieron en orden de batalla para enfrentarse a Israel. Entablado el combate, Israel fue derrotado delante de los filisteos, quienes mataron como a cuatro mil hombres en el campo de batalla. Cuando el pueblo volvió al campamento, los ancianos de Israel dijeron: ¿Por qué nos ha derrotado hoy el SEÑOR delante de los filisteos? Tomemos con nosotros, de Silo, el arca del pacto del SEÑOR, para que vaya en medio de nosotros y nos libre del poder de nuestros enemigos. Y el pueblo envió a Silo, y trajeron de allí el arca del pacto del SEÑOR de los ejércitos que está sobre los querubines; y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el arca del pacto de Dios. Y aconteció que cuando el arca del pacto del SEÑOR entró al campamento, todo Israel gritó con voz tan fuerte que la tierra vibró. Al oír los filisteos el ruido del clamor, dijeron: ¿Qué significa el ruido de este gran clamor en el campamento de los hebreos? Entonces comprendieron que el arca del SEÑOR había llegado al campamento. Y los filisteos tuvieron temor, pues dijeron: Dios ha venido al campamento. Y añadieron: ¡Ay de nosotros! Porque nada como esto ha sucedido antes. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a los egipcios en el desierto con toda clase de plagas. Cobrad ánimo y sed hombres, oh filisteos, para que no lleguéis a ser esclavos de los hebreos como ellos han sido esclavos de vosotros; sed hombres, pues, y pelead. Y pelearon los filisteos, Israel fue derrotado y cada cual huyó a su tienda; la mortandad fue muy grande, pues de Israel cayeron treinta mil soldados de a pie. El arca de Dios fue capturada, y murieron los dos hijos de Elí, Ofni y Finees.”
I Samuel 4:1-11

El Pueblo de Israel sabía que en la toma de Jericó los sacerdotes llevaron el arca del pacto (Jos. 6:6) y Dios les había concedido una gran victoria, ahora en este pasaje, el Pueblo de Israel quiere volver a repetir la historia, pero esta vez, Israel es derrotado.

En el versículo 3 el Pueblo de Israel echa la culpa a Dios por la derrota: “¿Por qué nos ha derrotado hoy el SEÑOR delante de los filisteos?”, esto es algo que vemos constantemente en las Escrituras y en nuestras vidas.

Muchas veces, en vez de examinar nuestras obras y nuestros caminos, hacemos responsable a Dios de nuestros fracasos y derrotas. Cuando esto sucede, se cumple el proverbio que dice:

“La necedad del hombre pervierte su camino,
y luego en su corazón se irrita contra el Señor.”
Proverbio 19:3

Realmente nuestro Pueblo perdió la batalla porque había pecado en Silo, en el centro espiritual de la nación de Israel, había pecado en el corazón de la nación.

El pecado de los hijos del Sumo Sacerdote Elí era MUY grande delante de Dios, eran hombres malvados, menospreciaban las ofrendas del Señor y no le conocían. Veamos:

“Los hijos de Elí eran hombres indignos; no conocían al SEÑOR ni la costumbre de los sacerdotes con el pueblo . . . El pecado de los jóvenes era muy grande delante del SEÑOR, porque los hombres menospreciaban la ofrenda del SEÑOR. Elí era ya muy anciano; oyó todo lo que sus hijos estaban haciendo a todo Israel, y cómo se acostaban con las mujeres que servían a la entrada de la tienda de reunión”
I Samuel 2:12, 13, 17, 22

Elí habló a sus hijos acerca de lo que estaban haciendo (I S. 2:23-25), pero no hizo nada más. Elí pudo quitar a sus hijos del ministerio (I S. 3:13), pero decidió honrar a sus hijos más que a Dios.

"¿Por qué pisoteáis mi sacrificio y mi ofrenda que he ordenado en mi morada, y honras a tus hijos más que a mí, engordándoos con lo mejor de cada ofrenda de mi pueblo Israel?"
I Samuel 2:29

En medio de todo lo que estaba sucediendo, Dios estaba levantando a Samuel porque Samuel honraba a Dios y Dios honra a los que le honran.

“. . . yo honraré a los que me honran, y los que me menosprecian serán tenidos en poco.”
I Samuel 2:30

Si tomamos en serio a Dios, Él nos tomará en serio, si le honramos, Él nos honrará.

Volviendo a la derrota que sufrió nuestro Pueblo, el primer error que vemos es que en vez de examinar sus corazones, buscan una solución religiosa para su problema: el arca del pacto.

“Tomemos con nosotros, de Silo, el arca del pacto del SEÑOR, para que vaya en medio de nosotros y nos libre del poder de nuestros enemigos.”
I Samuel 4:3b

Cuando los hijos de Israel se encuentran en esta situación, empiezan a ser más religiosos. De igual forma, muchas veces, cuando nos encontramos en medio de un problema, buscamos soluciones religiosas, nos volvemos más religiosos.

Dios NO quiere que nos volvamos más religiosos, ÉL quiere le conozcamos, Él quiere que le amemos, Él quiere que tengamos una relación personal con ÉL.

Israel pensaba que el Arca podía librarles, pero también esto fue un error porque un mueble no puede librar a nadie, solo Dios nos puede librar del pecado, de la maldición, del mal, de la enfermedad, de la muerte . . .

“Y el pueblo envió a Silo, y trajeron de allí el arca del pacto del SEÑOR de los ejércitos que está sobre los querubines; y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el arca del pacto de Dios.”
I Samuel 4:3 y 4

En el versículo que acabo de citar, vemos una combinación peligrosa: la religiosidad (trayendo el arca y confiando en ella) y el pecado (los hijos de Elí llevando el arca). Con esta combinación la derrota estaba garantizada.

Dios NO bendice nuestra religiosidad ni nuestras buenas tradiciones, Dios derrama de su presencia y bendición cuando le amamos.

En estas circunstancias, Israel tenía un símbolo religioso externo (el arca), pero NO tenía lo que dicho símbolo representaba: la presencia de Dios.

Cuando el Señor me mostró esta enseñanza, yo me identificaba con Israel porque muchas veces tengo los símbolos externos, frases religiosas, posturas religiosas, comportamientos religiosos, pero detrás de todo esto no hay nada, no hay unción, no hay poder, no hay presencia de Dios.

Si no tenemos una buena relación con Dios, nuestras palabras serán palabras vacías y nuestras obras no servirán de nada.

Israel tenía el mueble, pero no se dieron cuenta que el mueble estaba vacío.

“Y aconteció que cuando el arca del pacto del SEÑOR entró al campamento, todo Israel gritó con voz tan fuerte que la tierra vibró.”
I Samuel 4:5

En este momento los israelitas fueron muy pentecostales, la tierra vibraba de los gritos. Lo curioso es lo que dicen los filisteos a continuación:

“Al oír los filisteos el ruido del clamor, dijeron: ¿Qué significa el ruido de este gran clamor en el campamento de los hebreos? Entonces comprendieron que el arca del SEÑOR había llegado al campamento. Y los filisteos tuvieron temor, pues dijeron: Dios ha venido al campamento. Y añadieron: ¡Ay de nosotros! Porque nada como esto ha sucedido antes.”
I Samuel 4:6 y 7

Lo filisteos tuvieron temor del arca porque eran religiosos. Tanto los israelitas como los filisteos tenían fe en el arca, pero nuestra fe nunca debe estar puesta en un mueble, en un objeto, en un hombre, en una iglesia, nuestra confianza y nuestra fe de estar puesta en el Dios Vivo.

“Y pelearon los filisteos, Israel fue derrotado y cada cual huyó a su tienda; la mortandad fue muy grande, pues de Israel cayeron treinta mil soldados de a pie. El arca de Dios fue capturada, y murieron los dos hijos de Elí, Ofni y Finees.”
I Samuel 4:10 y 11

Israel fue derrotado una vez más, ni la religiosidad ni la tradición pudieron hacer nada a la hora de la verdad.

En Joel 2:13 Dios dice a su Pueblo: “Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos”. Aquí podemos ver una vez más un símbolo externo religioso para demostrar arrepentimiento, pero Dios NO quería eso, Dios quería que rasgaran su corazón, algo interno.

Dios NO mira nuestras frases religiosas, nuestra apariencia religiosa, nuestro comportamiento religioso, Dios mira nuestro corazón. Las palabras, las frases y las obras religiosas, a la hora de la verdad, no sirven de nada.

Tener una buena relación con Dios es lo que marcará la diferencia en nuestras vidas.

En una ocasión, el Rey Saúl desobedeció a Dios dejando vivir al rey Agag, rey de los amalecitas, cuando Samuel vino a hablar con Saúl, lo primero que le dice Saúl es:

“¡Bendito seas del SEÑOR! He cumplido el mandamiento del SEÑOR. Pero Samuel dijo: ¿Qué es este balido de ovejas en mis oídos y el mugido de bueyes que oigo?”
I Samuel 15:13 y 14

Saúl le dice a Samuel que las ovejas y los bueyes eran para ofrecer sacrificios a Dios. La respuesta definitiva de Samuel la encontramos en el versículo 22.

“¿Se complace el SEÑOR tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz del SEÑOR? He aquí, el obedecer es mejor que un sacrificio, y el prestar atención, que la grosura de los carneros.”
I Samuel 15:22

Saúl conocía bien el lenguaje religioso porque cuando ve a Samuel le dice: Que Dios te bendiga . . . sin embargo su lenguaje religioso y sus buenas intenciones NO agradaron a Dios. Dios no mira lo externo, Dios mira nuestro corazón ¿Amamos a Dios con todo nuestro corazón? ¿Tenemos una relación con Dios o tenemos una religión?