Sectas Religiosas en los Tiempos de Jesús

El Judaísmo estaba dividido en diferentes grupos religiosos o sectas: los fariseos, los saduceos, los esenios, lo samaritanos, los zelotes y los herodianos.


Los Fariseos

El término “Fariseo” viene de la palabra hebrea perushim que significa “separados”, se consideraban separados de los gentiles y de los judíos asimilados por la cultura griega y/o romana. Pertenecían a la clase media. Posiblemente formaban el grupo más numeroso y tenían una gran influencia sobre el Pueblo. Sus creencias son las siguientes:

- Creían en la venida del Mesías.

- Creían en el establecimiento futuro del Reino Mesiánico.

- Creían en la Torá Escrita y en la Torá Oral.

- Creían que la salvación era solamente para los judíos.

- Creían en el libre albedrio, aunque también creían en la Providencia.

- Creían en los ángeles y en los demonios.

- Creían en la inmortalidad del alma.

- Creían en la resurrección del cuerpo.

- Creían en la recompensa de los justos y en el castigo de los injustos en el infierno.

El énfasis de los fariseos en la Torá Oral (tradiciones de los ancianos) era lo que los diferenciaba de otros grupos religiosos de esta época. Los fariseos comenzaron a fomentar el uso de las sinagogas como lugares de adoración, oración y estudio.

Debemos tener en cuenta que NO todos los fariseos creían de la misma forma ya que dentro del Fariseísmo encontramos dos escuelas: la Escuela de Shammai (Bet Shammai) y la Escuela de Hillel (Bet Hillel). Shammai era un maestro impaciente y estricto en su interpretación de la Torá, mientras que Hillel era indulgente y compasivo en sus interpretaciones. Pablo perteneció a la Escuela de Hillel.

En algunas ocasiones las mismas palabras de Jesús nos hacen recordar declaraciones hechas por Hillel:

“Lo que NO te gusta a ti, NO se lo hagas a tu prójimo. Esto es toda la Ley.”.

Jesús puso en positivo la declaración de Hillel:

“. . . todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos, porque esta es la ley y los profetas.”
Mateo 7:12

No solamente encontramos acusaciones a los fariseos por parte de Jesús, el Talmud confirma la situación en la que se encontraban los Fariseos cuando afirma que hay siete tipos de fariseos y que solamente uno de ellos (o quizá dos, si contamos el sexto como bueno) es un buen fariseo. Por tanto, el propio Talmud (Sotah 22b) confirma todo lo que Jesús dijo de ellos. Veamos la clasificación que nos proporciona el Talmud:

1 - El fariseo de hombro. Exhibía sus buenas obras delante de los hombres.

2 - El fariseo calculador. Contaba sus buenas obras para saber si contrarrestaban sus obras malas.

3 - El fariseo ciego. Cerraba sus ojos para no caer en la tentación y solía tropezar y chocarse con las paredes, por eso también se le llamaba “Fariseo con cardenales y sangrante”.

4 - El fariseo mortero. Usaba una gorra con forma de mortero para cubrir sus ojos para que no pudiera ver ninguna impureza. También caminaba con la cabeza agachada.

5 - El fariseo “espera-un-poco”. Siempre encontraba una razón “válida” para no llevar a cabo una buena obra.

6 - El fariseo temeroso. Guardaba la Ley por temor a Dios.

7 - El fariseo por amor. Estos fariseos seguían el ejemplo de Abraham, vivían la fe de una forma genuina. Guardaban la Ley porque amaban al Señor con todo su corazón.

Los fariseos tienen muy mala fama, pero Jesús amaba a los fariseos, cuando Jesús les acusa, no estaba acusándoles a todos como grupo porque esto no habría sido justo, especialmente tratándose de Jesús, él quería mostrar a los fariseos los errores que muchos estaban cometiendo, recordemos que Jesús se llevaba bien con algunos fariseos, fue invitado a comer por fariseos en tres ocasiones (Lc. 7:37;11:37;14:1) y también fue avisado por los fariseos cuando Herodes Antipas planeaba matarle (Lc. 13:31). Nicodemo era un buen fariseo (Jn. 3:1; 7:50; 19:39 / Mc. 15:43), Gamaliel era fariseo y defendió a los apóstoles cuando los querían matar (Hch. 5:34), más tarde un grupo de fariseos defendió a Pablo (Hch. 23:9). Muchos de los primeros creyentes en Jesús eran fariseos (Hch. 15:5), Pablo afirmó que era “fariseo, hijo de fariseo” (Hch. 23:6; 26:5 / Fil. 3:5).

Cuando el Templo de Jerusalén fue destruido, los fariseos se encargaron de hacer la transición entre el Judaísmo del Segundo templo y el Judaísmo sin Templo, se pasó del Templo a la Sinagoga, del sacrifico a las buenas obras, de las ofrendas a las oraciones y de los sacerdotes a los rabinos. Fue en este tiempo cuando surge un nuevo Judaísmo, el Judaísmo oficial, también llamado Judaísmo Rabínico.


Los Saduceos

Su nombre en hebreo es Tseduqim que significa “justos”. Pertenecían a la clase alta y privilegiada de la sociedad judía, miembros de familias sacerdotales, adineradas y aristócratas. Se sometían al poder extranjero y acataban las decisiones tomadas por el gobierno establecido, por eso ostentaban cargos públicos importantes, el sumo sacerdote pertenecía a este grupo. Los Saduceos ocupaban la mayoría de los puestos en el Sanedrín. Este grupo fue el más influyente en la vida política y económica de la Tierra de Israel. Ponían mucho énfasis en el Templo, el sacerdocio y los sacrificios ya que eran ellos los responsables del servicio en el Templo y de los sacrificios. Los Saduceos también ponían un gran énfasis en la letra de la Torá Escrita y no aceptaban la Tora Oral ni las tradiciones de los ancianos. Sus creencias son las siguientes:

- Creían solamente en la Torá Escrita.

- No creían en la venida del Mesías.

- No creían en la inmortalidad del alma.

- No creían en la resurrección del cuerpo.

- No creían en los ángeles ni en los espíritus.

- Creían en el libre albedrío.

- Creían que su riqueza era una prueba del favor y la bendición de Dios en sus vidas.

- No creían en el castigo de los injustos en el infierno ni en la recompensa de los justos.

Este grupo desapareció después de la destrucción del Templo en el 70 d.C.


Los Esenios

Era el grupo más importante después de los fariseos y saduceos. No se mencionan en el N.T., pero tenemos información de ellos gracias a los Manuscritos del Mar Muerto y a 3 historiadores muy importantes del primer siglo: Filón de Alejandría, Flavio Josefo y Plinio el Viejo.

La mayoría de los esenios se separaban del mundo y vivían en comunidad, tenían todas las cosas en común, se autodenominaban “hijos de la Luz”, todos vestían de blanco, no iban a las sinagogas, ayunaban con frecuencia, practicaban el celibato (aunque había un grupo dentro de los Esenios que pensaban que el matrimonio era parte del plan divino), observaban muy estrictamente la Torá y el Shabat (sábado), no comían carne, ponían mucho énfasis en las buenas obras, la pobreza, la humildad y la disciplina, también curaban por medio de la imposición de manos y las plantas. Sus creencias son las siguientes:

- No creían en los sacrificios de animales, solamente traían al Templo ofrendas de harina y aceite.

- Creían en la inmersión para purificación.

- Creían que era pecado tener esclavos y/o siervos.

- Creían en la inmortalidad del alma.

- No creían en la resurrección del cuerpo.

- Creían en la predestinación.

- Creían en los ángeles y en los demonios.

- Creían en la recompensa de los justos y en el castigo de los injustos en el infierno.

- Creían en la venida de dos Mesías.

- Creían en el establecimiento inminente futuro del Reino Mesiánico.

- Creían en la reunificación final de las tribus de Israel.


Los Samaritanos

El rey de Asiria, Sargón II, conquistó Samaria y deportó a 27.290 israelitas, sin embargo, hubo israelitas que no se marcharon y terminaron mezclándose con los colonos que trajo el rey de Asiria procedentes “de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvaim” (II R. 17:24). Debido a todo esto, la mayoría de los israelitas del Norte perdieron su propia identidad absorbiendo las creencias, las prácticas y las costumbres de otras naciones.

Cuando los samaritanos se ofrecieron para la reconstrucción del Templo de Jerusalén, los judíos (israelitas del sur), que acababan de regresar del exilio Babilonio, no aceptaron su oferta, posiblemente por desconfianza o temor, por tanto, los samaritanos se unieron a los que se oponían a su reconstrucción (Esd. 4:1-10). Los samaritanos también estuvieron en contra de la reconstrucción de la muralla de Jerusalén (Neh. 4).

Lo samaritanos tampoco aceptaron el judaísmo que los judíos trajeron de Babilonia, un judaísmo con más mandamientos y prohibiciones. Por tanto, ni los judíos aceptaron a los samaritanos ni los samaritanos aceptaron a los judíos.

Cuando los judíos reconstruyeron el Templo, los samaritanos se sintieron más rechazados, ya que no eran considerados verdaderos israelitas ni adoradores del Dios verdadero. Por tanto, los samaritanos decidieron construir su propio Templo en el monte Gerizim, al edificar el Templo tuvieron que cambiar la Torá de Moisés y empezaron a enseñar que Abraham ofreció a su hijo en el Monte Gerizim y que Dios eligió dicho Monte para poner allí Su Nombre y Su Morada. Lógicamente, los judíos no se tomaron bien todo esto y los samaritanos fueron todavía más rechazados.

Otra cosa que los samaritanos tuvieron que hacer fue rechazar los escritos de los profetas, ya que en dichos escritos, encontramos muchas referencias a Jerusalén.

Cuando se produjeron las persecuciones de Antíoco Epífanes, la mayoría de los samaritanos renegaron de su sangre judía y decidieron dedicar y consagrar su Templo a Zeus.

A partir de aquí, la posibilidad de reconciliación entre los samaritanos y los judíos se disipó.

En el 128 a.C., Juan Hircano, sumo sacerdote y gobernante civil, destruyó el Templo en nombre de los judíos creyendo que al destruir este templo estaba sirviendo al Dios de Israel.

Por tanto, en la época de Jesús encontramos que . . .

- Los judíos veían a los samaritanos como los que habían abandonado al Dios de Israel para abrazar dioses griegos, los que habían cambiado la Torá, los que habían rechazado a los profetas y los que no querían someterse al judaísmo que se desarrolló en Babilonia (un judaísmo con más mandamientos y prohibiciones).

- Los samaritanos veían a los judíos como los que no quisieron reconocer su identidad israelita, no les permitieron que ayudasen en la reconstrucción del Templo en Jerusalén, no les permitieron adorar en el Templo de Jerusalén y los que destruyeron su templo en el monte Gerizim.


Los Zelotes

La palabra “zelote” viene del griego “zelotai” y quiere decir “celoso”, su celo no era por lo que creían, eran celosos de su Tierra y de su raza. Era el grupo más violento de su época, compartían las mismas creencias con los fariseos, pero anhelaban una liberación completa del dominio de Roma. Se negaban a hablar en griego, a pagar impuestos al Emperador y se oponían a los matrimonios mixtos, llegando incluso a asesinar a los judíos que se casaban con no-judías. Uno de los 12 apóstoles llamado Simón había pertenecido a este grupo (Lc. 6:15 / Hch. 1:13). En Mateo 10:4 leemos “Simón el Cananita”, la palabra “Cananita” viene de la palabra hebrea para “celosos” qanaim. Un grupo dentro de los zelotes eran llamados “sicarios”, porque llevaban un “sica” (un puñal) escondido y no dudaban en usarlo cuando tenían oportunidad. Los zelotes querían establecer el Reino de Dios por la fuerza, usando la violencia, su fanatismo desencadenó la guerra en contra de los Romanos (“la Gran Revuelta Judía” 66-73 d.C.) y también su derrota y desaparición.


Los Herodianos

No se sabe mucho de los Herodianos, pero por el nombre podemos afirmar que era una secta política. Eran partidarios de la dinastía de Herodes, se sometían al poder de Roma, veían bien pagar tributo al Cesar. Aparecen 2 veces en el N.T. (Mc. 3:6; 12:13), cuando Jesús dijo “Guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.” (Mc. 8:15) posiblemente se estaba refiriendo al espíritu detrás de los Herodianos.


¿QUIÉNES ERAN LOS ESCRIBAS?

Eran llamados “interpretes de la Ley”, “maestros de la Ley” y “doctores de la Ley”, la gente también solía llamarles “Rabí”, “mi maestro” (lit. mi grande). Se dedicaban a copiar, preservar y transmitir las Escrituras. No formaron una secta separada (por eso no están en la clasificación anterior), un escriba podía pertenecer al grupo de los fariseos o al grupo de los saduceos (Hch. 23:9). Algunos formaban parte del Sanedrín.

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