El Hombre y la Mujer en un Principio

“Y creó Dios al hombre (heb. Adam) a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”
Génesis 1:27

En el Diccionario Expositivo VINE, leemos:

“En la primera vez que aparece «HOMBRE» se refiere al género humano, es decir, el «hombre» en sentido genérico”

Dios creó al género humano: hombre y mujer, por eso, el mismo versículo nos aclara al final “a imagen de Dios lo creó; VARÓN Y HEMBRA los creó.”. Por tanto, el hombre y la mujer han sido creados a imagen de Dios y, a continuación, Dios bendice al hombre Y a la mujer . . .

“Y LOS bendijo Dios, y LES dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.”
Génesis 1:28

¿A quién bendijo Dios? Al hombre y a la mujer . . . “Y LOS bendijo Dios”, además les da los mismos mandatos y la misma autoridad porque en todo momento habla en plural, ¿quién tiene que multiplicarse? Los DOS, ¿Quién tiene que llenar y sojuzgar la tierra? Los DOS, ¿Quién tiene que enseñorearse en los peces, las aves y las bestias? Los DOS. En estos versículos, Dios NO dice que la autoridad está en el hombre, Dios dio el dominio y la autoridad tanto al hombre como a la mujer.

Algunos dicen que como el hombre fue creado primero entonces la mujer es inferior, si esto fuese cierto, entonces los animales están por encima de los hombres porque fueron creados primero.

El hombre y la mujer no fueron creados para competir, fueron creados para complementarse, para formar un equipo. El hombre y la mujer son distintos, por eso mismo, se complementan perfectamente.

Esto que acabamos de leer era el PLAN ORIGINAL DE DIOS, PERO con la entrada del pecado, todo se deterioró y se corrompió, lamentablemente, las consecuencias de la caída del hombre, las vemos en el trato que el hombre ha dado a la mujer. Todo cambió cuando el pecado comenzó a reinar en el corazón de los hombres. La armonía que el hombre y la mujer tenían con Dios se rompió, pero no solamente la armonía con Dios, también se rompió la armonía que había entre el hombre y la mujer.

“A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.”
Génesis 3:16

El hombre enseñoreándose de la mujer es una de las consecuencias de la entrada del pecado, PERO NO era, NI es la voluntad de Dios, esto es muy importante entenderlo, Dios se dirige a la mujer y le dice a la mujer lo que el hombre piensa hacer “él se enseñoreará de ti”, por la dureza del corazón del hombre, esto no es una maldición, ni es una promesa de Dios, ni es el deseo de Dios, ni es la voluntad de Dios, es la consecuencia del pecado y de la maldad en el corazón de los hombres. El hombre enseñoreándose de la mujer NO entraba en los planes originales de Dios, por supuesto, tampoco entra en los planes originales de Dios que la mujer se enseñoree del hombre. Los hombres han estado echando la culpa a la mujer desde que Adán comenzó con este juego:

“LA MUJER que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.”
Génesis 3:12

Sin embargo, no solamente el hombre ha echado y echa la culpa a la mujer, lamentablemente la mujer ha sido enmudecida, atada, cegada, abusada, insultada, humillada, violada y asesinada, todo esto es por culpa del pecado en el corazón de los hombres que, al ser más fuertes, físicamente hablando, se aprovechan de los que son más débiles.

Por todo esto, Jesús en el Nuevo Pacto NO nos lleva al Monte Sinaí para seguir con las distinciones entre judíos y gentiles, ni entre hombres y mujeres, Jesús nos lleva al Jardín del Edén, al plan original de Dios: que el hombre y la mujer compartan el señorío y el domino de toda la tierra, no compitiendo entre ellos, sino complementándose. Pablo nos dice que somos una nueva creación, somos nuevas criaturas, ya se acabaron las categorías de judío y de gentil, de hombre y de mujer, de libre y esclavo, ahora somos UNO, este era el plan original de Dios, ser UNO, UNA NUEVA CREACIÓN, el hombre y la mujer siendo una sola carne en armonía con Su Creador y creciendo juntos, multiplicándose juntos y sojuzgando la tierra JUNTOS.

¿Por qué tienen los hijos que honrar a su padre y a su madre? Porque los dos tienen el mismo valor y porque los hijos están sujetos a la autoridad del padre Y de la madre, por eso, merecen los dos LA MISMA honra.

“Honra a tu padre y a tu madre”
Éxodo 20:12

Termino diciendo que en ningún lugar de la Escritura se ordena al hombre que gobierne a su esposa, ni se menciona que tenga que obedecerle.

Vamos a ver como se tratan situaciones matrimoniales según nuestro hermano Pablo:

“Que el marido cumpla su deber para con su mujer, e igualmente la mujer lo cumpla con el marido. La mujer no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino el marido. Y asimismo el marido no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os privéis el uno del otro, excepto de común acuerdo y por cierto tiempo, para dedicaros a la oración . . .”
I Corintios 7:3-5

¿Puedes ver la igualdad entre el hombre y la mujer? ¿Puedes ver cómo el hombre no tiene autoridad sobre el cuerpo de la mujer y la mujer no tiene autoridad sobre el cuerpo del hombre? ¿Puedes ver como el hombre no es el que toma la decisión y la mujer se calla? ¿Puedes ver cómo se toman las decisiones? ¡DE COMÚN ACUERDO! ¿Tienes ya las cosas claras? ¿Te has dado cuenta que NO tienes autoridad sobre la mujer?

Estas pautas que da Pablo eran un verdadero escándalo para los hombres con la mentalidad de su época donde la mujer era vista como un simple objeto o un mueble que pertenecía al marido.

Además, algo que, tristemente, todavía no está claro, es que NADIE puede ejercer autoridad sobre otra persona, ya sea hombre o mujer, el ejercer autoridad sobre otras personas iría en contra de las palabras del propio Jesucristo:

“Los reyes de los gentiles se enseñorean de ellos; y los que tienen AUTORIDAD sobre ellos son llamados bienhechores. Pero NO es así con vosotros;”
Lucas 22:25 y 26

Hoy en día, las cosas han cambiado bastante: los miembros de un Iglesia lavan los pies a los líderes, los miembros de una Iglesia deben servir a los líderes, los miembros de una Iglesia deben diezmar a los líderes, los miembros de una Iglesia ven, oyen, se someten, obedecen y se callan, pero según Jesús y Pablo, debe ser todo lo contrario, los ancianos son los que lavan los pies a los demás, son los que sirven, son los que dan, son los que bendicen, son los que nos ayudan en nuestro caminar espiritual, PERO NO son los que se enseñorean del Pueblo de Dios, el apóstol Juan nos habla de Diótrefes, un “líder” que ejercía autoridad sobre otros hermanos, esto es lo que dice Juan:

“Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia.”
III Juan 1:9 y 10

Diótrefes ocupaba el primer lugar y podía echar de la Iglesia a otros hermanos que no estaban de acuerdo con él, este problema se puede evitar entendiendo que los ancianos (en la actualidad llamados “líderes”) de una Iglesia NO tienen ninguna autoridad sobre otras personas, los ancianos que enseñan, que sirven, que trabajan en la Obra del Señor son amadas hermanas y amados hermanos, por eso, cuando leemos:

“Ruego a los ancianos que están ENTRE vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está ENTRE vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.”
I Pedro 5:1-3

Los ancianos están ENTRE el Pueblo y no están SOBRE el Pueblo, ni EN FRENTE DEL Pueblo. Los ancianos en la Iglesia Primitiva no tenían un traje especial, ni una silla especial, ni una posición especial, ni un título especial, eran hermanos amados que servían a sus hermanos en lo que Dios les había mandado.

“Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”
Mateo 20:25-28

Me ha parecido gracioso lo que he leído en algunos comentarios cuando hablan del “Orden de la Iglesia”, pero ¿de qué Iglesia hablan? ¿de qué orden hablan? ¿Se refieren a tener un solo Pastor intocable que está por encima de todo? ¿Este es el orden del que hablan? ¿Se refieren a una jerarquía que controla todas las decisiones de la Iglesia? ¿Se refieren a que la Iglesia se calle en sumisión a pesar de las barbaridades que su líder pueda estar diciendo desde el pulpito? ¿Se refieren a que un hermano no puede dar una profecía porque no tiene el permiso de su líder? ¿Se refieren a que un hermano no puede imponer manos sobre otra persona en la Iglesia porque no es líder?

Creo que el rechazo de la mujer en el ministerio se debe principalmente a los falsos conceptos que hoy en día muchos creyentes tienen de lo que es un verdadero anciano que sirve en una Iglesia con amor y humildad “no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.”.

Creo que ya es suficiente, ahora me gustaría dejar una palabra de nuestro hermano Pedro para los hombres y las mujeres:

“Mas vosotros sois linaje escogido, REAL SACERDOCIO, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.”
I Pedro 2:9 y 10

Los creyentes en Jesucristo, tanto hombre como mujeres, somos REAL SACERDOCIO.

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