Una Higuera seca y el Monte en el mar

“De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis. Cuando vino al templo . . .”
Mateo 21:21-23a

Jesús se encontraba en Jerusalén cuando habló a la higuera y la higuera se secó, todos sabemos que el hombre intentó cubrir con hojas de higuera su desnudez en el huerto del Edén, de hecho, el hombre ha estado intentando cubrir su desnudez delante de Dios desde entonces. La higuera representaba a Israel en el Antiguo Testamento y Jesús aprovechando esta simbología, nos enseña algo muy importante, la higuera NO puede producir fruto y aunque tiene muchas hojas, no puede cubrir la desnudez, solamente Dios mismo puede cubrir nuestra desnudez y vestirnos con ropas de justicia y salvación. Israel tenía muchas buenas intenciones, muchas buenas palabras y muchas ofrendas y sacrificios, pero fue incapaz de dar fruto, fue incapaz de producir vida por medio de sus esfuerzos y sus obras, nunca pudo cubrir su desnudez y su vergüenza.

Jesús nos dice algo sorprendente, nuestra fe en ÉL, por muy pequeña que sea, puede hacer secar la higuera y puede hacer que el Monte sea quitado y arrojado al mar. La higuera se seca y el Monte es echado en el mar cuando ponemos nuestra confianza en Jesucristo y en lo que Él nos ha dado y ha hecho por nosotros.

La vida basada en el esfuerzo humano incapaz de dar fruto es la higuera que se seca cuando ponemos nuestra confianza en Jesucristo, esa vida muere cuando nuestra vida en Cristo comienza. El Monte que cita Jesús NO es cualquier monte, es el Monte del Templo, es el Monte que estaban viendo, por eso, Jesús dice: “si a ESTE MONTE dijereis”. Este Monte alimentaba la higuera, el sistema religioso basado en la obediencia, el arrepentimiento y en las obras, la higuera tiene sus raíces en este Monte, gracias a Dios, la higuera se ha secado en nuestras vidas y ahora el Monte que la alimentaba con hojas, pero sin ningún fruto, está en el fondo del mar, ¿sabes por qué Jesús nos habla de echar el Monte al mar? Porque cuando Jesús nos perdonó, arrojó al mar todos los sacrificios y ofrendas que se llevaban a cabo en el Monte del Templo JUNTAMENTE CON TODOS nuestros pecados.

“Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.”
Miqueas 7:19

Nuestra fe en Cristo, aunque sea como un grano de mostaza, es la que hace posible que seamos libres de la Ley, de la vida en la Ley y de una vida basada en el Templo con sus diezmos, ofrendas y sacrificios.

© 2019 Ministerio Luz a las Naciones

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