Un Caballero en mi puerta

Era un oscura noche fría de invierno, las sombras cubrían la casa de Jana mientras que el viento enfurecido golpeaba sus ventanas de la misma forma que la vida había golpeado su corazón tantas veces . . . Jana estaba agotada, triste y sola, sola con sus recuerdos, con sus logros, con sus fracasos, con sus complejos y temores, pero esa noche sería distinta, sería una noche que nunca olvidaría . . . alguien había llamado a su puerta, ella se acercó sorprendida a una de las ventanas para ver si había sido su imaginación o alguien realmente estaba allí. Jana sabía que no era la más guapa, la más rica, la más deseada, pero al mirar, allí estaba Él, esperando, ¡un auténtico caballero!, al verle supo quién era aunque no lo conocía, ella había oído hablar de Él en tantas ocasiones, pero ahora Él se encontraba en su puerta, tan cerca de ella, Él había llamado a su puerta y ahora había llegado el momento de poder conocerle, el caballero volvió a llamar a la puerta y desde la ventana pudo ver su rostro, su rostro desprendía el amor de una madre y la ternura de los niños; sus ojos eran cristalinos y transparentes e irradiaban compasión y misericordia; su mirada era pura y limpia, era la mirada de la vida, de la fe y de la esperanza, su boca dibujaba una sonrisa, una sonrisa que abrazaba. Ella pudo ver claramente que ese hombre era diferente, era especial, por eso, corrió a la puerta y al abrirla, este caballero tenía una ramo de flores para ella, esas flores eran parte del regalo que quería que Jana tuviera porque el principal regalo era él mismo, era su persona, era su presencia, Jana se quedó sin palabras, un caballero en su puerta y con flores de colores, cuando miró la flores pudo ver que una de ellas tenía el color de la vida, otra el color del perdón, otra el color de la fe, otra el color del amor, otra el color de la esperanza, otra el color de la misericordia, otra el color de la paz . . . Jana no pudo contener sus lágrimas de felicidad, ningún hombre la había mirado como este caballero, ningún hombre la había traído estas flores tan hermosas, ella le devolvió la sonrisa y perdiéndose en su mirada, extendió sus manos invitándole a entrar, pero no solamente a entrar, invitándole a quedarse con ella en su humilde casa para siempre . . . Jana nunca más cenaría sola porque ahora ese caballero se había convertido en su amado, se había convertido en su amigo, se había convertido en su compañero, se había convertido en su vida . . . a partir de ese momento, cuando los vientos enfurecidos golpeaban su casa en las noches frías y oscuras de invierno, ella estaba tranquila, descansando entre los brazos de su amado y disfrutando de Su amor . . .

“YO estoy a la puerta y llamo;
si alguno oye mi voz y abre la puerta,
entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”