El hijo perfecto

“He aquí, tantos años te sirvo,
NO habiéndote desobedecido jamás”
Lucas 15:29a

Pues aquí lo tenemos, el hijo perfecto, el cristiano que guarda la Ley de Moisés, el cristiano que guarda los 10 mandamientos, el cristiano que sirve a Dios y jamás le desobedece, un cristiano que ha hecho sacrificios, que cuando algunos hermanos iban al cine, él se quedaba en casa orando; que cuando algunos iban a celebrar una fiesta con sus familiares, él se quedaba encerrado en su casa leyendo la Biblia y ayunando, un cristiano que por tantos años ha servido a Dios y siempre le ha obedecido, un cristiano ejemplar y perfecto . . . bueno, en realidad, perfecto según lo que algunos creen y lo que algunos afirman, pero NO según lo que Jesucristo nos enseña en esta historia que nos está contando.

Si el hombre hubiese sido creado para servir a Dios y obedecerle, este hijo habría cumplido con creces dicho propósito porque había servido al Padre durante años y no le había desobedecido JAMÁS, PERO el hombre NO ha sido creado para ser un esclavo de Dios, ni para ser un siervo de Dios, ni para ser un robot, ni una marioneta . . . el hombre es el fruto del amor de Dios, ha sido creado por amar y para amar, el hombre ha sido creado para ser un hijo de Dios, para ser Su amigo, para poder disfrutar del amor del Padre y de su compañía, para poder caminar con Él, comer con Él, dormir con Él, reír con Él, llorar con Él . . .

Cuando el Padre avisara a este hijo que iban a cenar, el hijo le diría que todavía debía recoger sus herramientas de trabajo y que él cenaría más tarde; cuando el Padre le dijera que era hora de comer, el hijo le diría que prefería comer en el campo para no perder tiempo con el trabajo que tenía; cuando el Padre iba a dar una vuelta para disfrutar del sol, del viento, de las nubes, del paisaje . . . el hijo miraría a su padre caminando solo por el campo mientras que le servía fielmente con su mucho sudor y sacrificio . . . ¡Un Padre sólo y un hijo . . . perfecto!

Querida hermana y querido hermano, disfruta de tu Dios, de tu Padre, de Su Presencia, de Su Compañía, mírale a los ojos que Su mirada penetre en tu corazón, Su mirada de amor, que Sus brazos te abracen y te levanten, que sus manos acaricien tu pelo y tu rostro, que siempre disfrutes de Él y Él de ti . . .

¿De qué te sirve orar . . . si no oyes Su voz?

¿De qué te sirve leer tanto la Biblia . . . si no le conoces?

¿De qué te sirve tu sacrificio . . . si Él no te lo está pidiendo?

¿De qué te sirven tus palabras . . . si tu corazón está lejos de Él?

¿De qué te sirve correr . . . si estás en el camino equivocado?

Mientras que el hijo ejemplar le echaba en cara al padre todo el trabajo que había hecho para Él y todos los años de obediencia, el hijo ejemplar también le reprocha al Padre que no le había dado ni un cabrito para gozarse con sus amigos . . . ¿Eso es lo que quería este hijo tan obediente? ¿Un cabrito? ¿Para gozarse con el Padre? ¡NO! Para gozarse con sus amigos, que triste, este hijo tenía todo lo que tenía su Padre, pudo tener un cabrito y cien si así hubiese querido, pero creía que el Padre era un Amo cruel y malvado, vivía en la casa del Padre, pero NO conocía al Padre; trabajaba para el Padre, pero no conocía el corazón del Padre . . . espero que NO nos pase lo que le pasó a este hijo tan obediente y perfecto . . . vivamos disfrutando del Padre, de todo lo que hay en la Casa del Padre, vivamos creyendo en su Amor y disfrutando de su Gracia.

"He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos . . . El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas."
Lucas 15:29 y 31