El Día del Señor, Grande y Terrible

“He aquí, yo os envío al profeta Elías antes que venga el día del SEÑOR, día grande y terrible.”
Malaquías 4:5

El Día del Señor es un Día Grande y Terrible, un Día Grande para los hombres, pero un Día Terrible para los montes y collados, para la Serpiente y las víboras, para el pecado, la maldición y la muerte.

El Día del Señor fue el Día que Dios se hizo hombre y quitó el pecado del mundo perdonando nuestra iniquidad, fue el día que Jesús venció a los principados, a las potestades y a la misma muerte.

“He aquí, yo os envío al profeta Elías antes que venga el día del SEÑOR, día grande y terrible.”
Malaquías 4:5

Jesús mismo nos dice que Juan el Bautista era el profeta Elías:

“Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si queréis aceptarlo, él es Elías, el que había de venir.”
Mateo 11:13 y 14

Según las propias palabras de Jesús: Juan el Bautista era el Profeta Elías, era el que había de venir antes de la Venida del Mesías, del Día del Señor.

Cuando Jesús apareció fue un Día Terrible para todos los que devoraban la casa de las viudas, para todos los que no hacían justicia a los huérfanos, para los que ponían cargas pesadas en los hombros de los hombres, para los que con violencia cerraban el Reino de los Cielos, para todos los que se creían justos por sus obras, para todos los que creían que guardaban la Ley, fue un día terrible para los que habían hecho del Templo de Dios una Cueva de ladrones.

Cuando Jesús apareció fue un Día terrible para los demonios que fueron expulsados y vencidos, para el diablo que fue derrotado, para la Ley que fue clavada en la Cruz, para la propia muerte cuando no pudo sujetar al Autor de la Vida.

El Día del Señor fue Grande para la humanidad, pero fue un Día Terrible para nuestros enemigos.

“Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor;
Enderezad sus sendas.
Todo valle se rellenará,
Y se bajará todo monte y collado;
Los caminos torcidos serán enderezados,
Y los caminos ásperos allanados;
Y verá toda carne la salvación de Dios.”
Lucas 3:4-6

Esta reflexión pertenece a una de las Paradas de mi libro:

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