Beauty is in the Eye of the Beholder

Este dicho inglés significa que “La belleza está en el ojo del que mira”, no solamente esto es verdad, también cuando hablamos de Dios y del Evangelio sucede lo mismo, para muchos, Dios es oscuridad, pero para otros, Dios es Luz; para muchos, el Evangelio es oscuridad y tinieblas, pero para nosotros los que creemos, el Evangelio es la Luz que resplandece en nuestros corazones, el Evangelio es Cristo, el Sol de Justicia, que trae en sus alas sanidad. Cristo es precioso para los que creemos, pero para los que NO creen en Él, Cristo es una piedra de tropiezo y una roca de escándalo.

Dios es luz (I Jn. 1:5) y cuando creemos en Jesús, nacemos de nuevo y nacemos de Dios (Jn. 1:13), es decir, nacemos de la Luz y en la Luz, estar en Cristo, creer en Él, es estar en la Luz y vivir en la Luz, de hecho, la Escritura nos llama HIJOS DE LUZ.

“Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.”
Juan 12:36

“Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.”
I Tesalonicenses 5:5

Cuando ponemos nuestra fe y confianza en Jesucristo, nacemos de la Luz y nos convertimos en hijos de Luz. Los hijos de Luz somos luz para este mundo y llevamos la Luz del Evangelio a los que moran en tinieblas para que la Luz del Evangelio pueda resplandecer en sus vidas (II Co. 4:4). Si predicamos la Ley al mundo, estamos predicando oscuridad, la Ley era las sombras (Col. 2:17 y Heb. 10:1), si predicas de la Ley, estás predicando las sombras, estás predicando oscuridad.

Cuando algunos afirman que la gracia NO produce fruto, están viendo la gracia como la oscuridad, como algo que nos lleva al pecado, como algo negativo, según sus propias palabras “La Gracia es una licencia para pecar”, por eso, para los que sus vidas giran en torno a la Ley y a los mandamientos de la Ley, la gracia es oscuridad y tinieblas, porque, según ellos, hablar mucho de la Gracia de Dios es dar lugar al pecado y a las tinieblas. Sin embargo, para nosotros, los que estamos bajo la gracia y vivimos en la gracia, predicar de la Ley es predicar de un yugo de esclavitud (Hch. 15:10 y Gl. 5:1), es predicar de un ministerio de condenación y de muerte (II Co. 3:7 y 9), predicar de los mandamientos, es predicar de las sombras. Los que son de la Ley, ven el Evangelio de la Gracia como una amenaza para sus vidas religiosas, por eso, lo único que ven es oscuridad y tinieblas al oír hablar mucho de la gracia.

Que no te quepa la menor duda: cuando anunciamos el Evangelio del Amor de Dios, el Evangelio de la Gracia, para algunos es un olor de muerte, pero para los que abrazan su amor y su gracia, cuando predicamos el Evangelio, estamos trayendo el aroma de la vida, un grato olor de Cristo, vida para vida.

“para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida.”
II Corintios 2:5 y 6

¿Cómo es posible que para los que se pierden (los que NO creen en Cristo) seamos olor de muerte para muerte? Porque si predicamos el Evangelio de la Gracia, una vida de fe y de amor, si predicamos que estamos bajo la Gracia, estamos trayendo muerte a una vida basada en la religión, muerte a una vida en la Ley y sus Mandamientos, muerte a una vida que gira en torno a las obras de la Ley.

Recuerda:

“La belleza está en el ojo del que mira.”

“Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen . . . él es una PIEDRA DE TROPIEZO Y ROCA DE ESCÁNDALO”
I Pedro 2:7 y 8

Esta reflexión pertenece a una de las Paradas de mi libro:

MI COMPAÑERO DE VIAJE

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