Nuestra Pascua es Cristo

“porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta . . .”
I Corintios 5:7b y 8a

En la Fiesta de la Pascua, el Pueblo de Israel nació y comenzó a florecer, no creo que sea una coincidencia que esta Fiesta se celebre en primavera, Dios se acordó de su Pueblo en esclavitud en Egipto y con mano fuerte y brazo extendido, Dios liberó a su Pueblo de Casa de Servidumbre.

Antes de su salida de Egipto, cada familia del Pueblo de Israel tuvo que sacrificar un cordero sin defecto y poner la sangre en los marcos de las puertas para ser librados del heridor que entraría a matar todos los primogénitos que hubiese en las casas (en una casa podrían morir tres personas: abuelo, padre e hijo).

“Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo . . .”
Juan 10:9

Jesús dijo que él era la Puerta y esta puerta estaba marcada con su propia sangre, ahora gracias a su vida, su muerte y su resurrección podemos ser libres de nuestro Egipto, de nuestro faraón, de nuestro pecado, de nuestras cadenas, de nosotros mismos . . .

Cuando conocimos a Jesús y pusimos nuestra fe en Él, la Primavera llegó a nuestro corazón, nacimos de nuevo y nuestras vidas comenzaron a florecer. Jesús fue el cordero sin defecto que murió por cada uno de nosotros para que en su sangre nuestras ropas pudiesen ser emblanquecidas y para que por su muerte, nosotros pudiésemos tener vida, una vida en abundancia.

Es muy interesante que a la misma hora que la sangre de los corderos de la Pascua estaba siendo derramada en el Templo, Jesús estaba derramando su sangre por ti y por mí, Jesús es nuestra Pascua, Jesús es el Cordero que quitó nuestro pecado, celebremos la Fiesta y ¡Jesús es la Fiesta!, por tanto, celebremos la vida, la muerte y la resurrección de Jesús, todo lo que tenemos es por Él, celebremos a Jesús con sinceridad y con verdad.

“porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.”
I Corintios 5:7b y 8