Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre

“Los fariseos oyeron a la gente que murmuraba de él estas cosas; y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para que le prendiesen . . . Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!”
Juan 7:32, 45-46

¿Te imaginas la escena? Estos alguaciles fueron enviados para prender a Jesús, pero cuando escuchan las palabras y el mensaje de Jesús, ¡se les olvida para que han sido enviados! . . . Entre otras cosas, los alguaciles escucharían decir a Jesús:

“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.”
Juan 7:37 y 38

No me extraña que estos alguaciles dijeran: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!

Las palabras de Jesús estaban llenas de amor, estaban llenas de compasión, estaban llenas de poder, estaban llenas de vida, por eso, cuando Jesús les dice a sus discípulos que si ellos quieren dejar de seguirle, Pedro le respondió diciendo:

“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.”
Juan 6:68

¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!

Cuando Jesús habla, nacen las rosas; cuando Jesús habla, la tierra tiembla y las rocas se parten; cuando Jesús habla, la tormenta enmudece; cuando Jesús habla, el agua se convierte en vino; cuando Jesús habla, los religiosos son avergonzados; cuando Jesús habla, los niños son bendecidos; cuando Jesús habla, el pecador halla misericordia; cuando Jesús habla, el cansado encuentra reposo; cuando Jesús habla, el enfermo recibe sanidad; cuando Jesús habla, el preso es liberado; cuando Jesús habla, el débil es fortalecido; cuando Jesús habla, el hambriento es saciado; cuando Jesús habla, el pobre es enriquecido; cuando Jesús habla, el refugiado encuentra un hogar; cuando Jesús habla, el Funeral se convierte en una Fiesta . . . cuando Jesús habla, habla el Amor.

¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!

JESÚS es el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en sus labios. Él cabalga sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia. Amó la justicia y aborreció la maldad, por tanto, Dios le ungió con oleo de alegría. Sus labios son los más dulces de todos y es el hombre más deseado. Así es mi amado, así es mi amigo . . . JESÚS.