Un Dios de Pactos

Elohim hace un Pacto con Noé, le da una señal (el arco iris) y le da una promesa; El-Shadai (El Todopoderoso) hace un Pacto con Abraham, le da una señal (la circuncisión) y le da promesas; Yahveh hace un Pacto con Moisés, le da una señal (el Shabat) y también le da promesas (condicionadas por la obediencia), podemos observar que cuando Dios hacía pactos con el hombre, Dios se identificaba con un nombre distinto porque con cada nombre Dios se estaba dando a conocer, ahora viene la buena pregunta: En el Nuevo Pacto ¿Con qué nombre Dios se ha manifestado? . . . Con el nombre de ABBA – PADRE y ¿cuál es la señal de este Pacto? El Espíritu Santo morando en nuestra vida, el creyente ha sido sellado con el Espíritu Santo. De igual forma, que el mundo disfruta cuando ve el arco iris, ahora nosotros podemos disfrutar de la presencia continua de Dios en nuestras vidas.

Dios es un Dios de Pactos y Dios es un Dios que recuerda el Pacto cumpliendo su parte, por eso, vemos como Elohim se acordó de Noé, por eso, vemos como El-Shadai se acordó de Abraham, por eso, vemos como Yahveh se acordó de Moisés . . . Dios NO se olvida de ti, ni se olvida de mí porque se acuerda de Jesucristo, se acuerda del Pacto Eterno en su sangre, se acuerda de todo lo que Jesús hizo por nosotros, de todo lo que Él nos dio. Dios es un Dios que se acuerda de los Pactos que establece, es un Dios fiel a sus Pactos.

Las dos partes que hacen el Pacto son llamadas “amigas”, El-Shadai era amigo de Abraham y Abraham era el amigo de El-Shadai:

“Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la descendencia de ABRAHAM TU AMIGO PARA SIEMPRE?”
II Crónicas 20:7

Jesús nos dice que ya no nos llamará siervos, ¿Por qué? Porque él va hacer un Pacto y Él será el amigo, la persona encargada para hacer dicho Pacto.

Todos los Pactos acababan con una comida, Jesús cenó con sus discípulos reafirmando el Pacto y cada vez que tomamos la Cena del Señor estamos recordando dicho Pacto, Jesús cena con nosotros cuando le recibimos.

Dios nos bendice por el Nuevo Pacto establecido en la preciosa sangre de Jesús . . .

“Así, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, DIOS SE ACORDÓ DE ABRAHAM, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción”
Génesis 19:29

Dios se acordó de Abraham, se acordó de su amigo y salvó a Lot de la destrucción, ¿Sabes por qué Dios nos salva, nos protege, nos ayuda, nos bendice, nos sana? PORQUE SE ACUERDA DE JESÚS, SE ACUERDA DE LO QUE ÉL HIZO POR NOSOTROS, SE ACUERDA DEL PACTO ETERNO.

Cuando David se enfrenta con Goliat, David recuerda el Pacto al decir:

“¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es ESTE FILISTEO INCIRCUNCISO, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?”
I Samuel 17:26

David vuelve a llamar a Goliat “este filisteo incircunciso” un poco más adelante:

“Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud. David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y ESTE FILISTEO INCIRCUNCISO será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: El SEÑOR, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Vé, y el Señor esté contigo.”
I Samuel 17:33-37

En otras palabras, David estaba diciendo que Israel y Dios tenían un Pacto, pero Goliat NO lo tenía porque no estaba circuncidado, por eso, cuando David se enfrenta con él recordando el Pacto, Dios obra poderosamente dando una gran Victoria a todo el Pueblo de Israel y quitando su oprobio. De igual forma, Jesús venció en la cruz y quitó el oprobio del mundo. Cuando David venció, todo Israel fue considerado vencedor. David tomó el lugar de todo Israel y Jesús hizo lo mismo, Él tomó nuestro lugar en la cruz, por eso, somos vencedores, Su victoria es nuestra victoria.

Cuando uno de los malhechores que estaba colgado al lado de Jesús, le dice:

“Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.”
Mateo 23:42

Jesús le contesta diciendo que estará con él en el Paraíso porque cuando nosotros nos acordamos de Jesús, Dios recuerda el Pacto que hizo con nosotros y obra en nuestras vidas de una forma poderosa y  maravillosa.

“Se acordó para siempre de su pacto; de la palabra que mandó para mil generaciones,”
Salmo 105:8

¿Por qué Dios NO recuerda nuestros pecados? Porque Dios recuerda el Pacto Eterno, recuerda lo que Jesús ha hecho por nosotros:

“Porque seré propicio a sus injusticias y NUNCA MÁS me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.”
Hebreos 8:12

“Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, POR LA SANGRE DEL PACTO ETERNO, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”
Hebreos 13:20 y 21

NO LO OLVIDEMOS, DIOS ES UN DIOS DE PACTOS.

Jonatán, hijo del Rey Saúl, y David se amaban de tal forma que hicieron un Pacto:

“Entonces Jonatán hizo un pacto con David, porque lo amaba como a sí mismo.”
I Samuel 18:3

Las bendiciones de este Pacto no solamente recaerían sobre David y Jonatán, sino también sobre la descendencia de ambos.

“Trata entonces con misericordia a tu siervo, ya que has hecho entrar a tu siervo en un pacto del SEÑOR contigo . . . No quitarás tu misericordia de mi casa para siempre, ni aun cuando el SEÑOR haya quitado de la faz de la tierra a cada uno de los enemigos de David . . . Y Jonatán hizo jurar a David otra vez a causa de su amor por él, pues le amaba como a sí mismo . . . Y Jonatán dijo a David: Vete en paz, ya que nos hemos jurado el uno al otro en el nombre del SEÑOR, diciendo: "El SEÑOR esté entre tú y yo, y entre mi descendencia y tu descendencia para siempre."”
I Samuel 20:8, 15, 17 y 42

Jonatán no solamente compartía una gran amistad con David, también compartía una misma fe y eligió ser fiel a David incluso negando su derecho al trono como hijo del Rey Saúl, Jonatán sabía que Dios había elegido a David para ser el Rey de Israel.

“Y Jonatán le dijo: No temas, porque la mano de Saúl mi padre no te encontrará, y tú reinarás sobre Israel y yo seré segundo después de ti; Saúl mi padre también sabe esto. Hicieron los dos un pacto delante del SEÑOR . . .”
I Samuel 23:17 y 18

Pasó el tiempo y Jonatán murió peleando contra los filisteos, también dos hermanos suyos y su padre perdieron la vida en el campo de batalla. Cuando la noticia de la muerte del Rey Saúl y su hijo Jonatán llegó al Palacio, la mujer que cuidaba del hijo de Jonatán salió huyendo y en su huida, el niño se cayó y quedó cojo:

“Y Jonatán, hijo de Saúl, tenía un hijo lisiado de los pies. Este tenía cinco años cuando de Jezreel llegaron las noticias de la muerte de Saúl y Jonatán, y su nodriza lo tomó y huyó, pero sucedió que en su prisa por huir, él se cayó y quedó cojo. Su nombre era Mefiboset.”
II Samuel 4:4

Pasaron los años y David fue coronado Rey sobre todo Israel, pero ¿se olvidó David del Pacto que había hecho con Jonatán? ¡NO!

“Dijo David: ¿Hay todavía alguno que haya quedado de la casa de Saúl, para que yo le muestre bondad por amor a Jonatán? Y había un siervo de la casa de Saúl que se llamaba Siba, y lo llamaron ante David. Y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu servidor. Y dijo el rey: ¿No queda aún alguien de la casa de Saúl a quien yo pueda mostrar la bondad de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún queda un hijo de Jonatán lisiado de ambos pies. El rey le dijo: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir, hijo de Amiel, en Lodebar.”
II Samuel 9:1-4

David quería mostrar bondad a Mefiboset sin ni siquiera conocerle, solamente por el amor que había tenido a Jonatán y por el Pacto que había hecho con él, David se interesa por Mefiboset y lo busca . . .

“Entonces el rey David mandó traerlo de la casa de Maquir, hijo de Amiel, de Lodebar. Y Mefiboset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, vino a David, y cayendo sobre su rostro, se postró. Y David dijo: Mefiboset. Y éste respondió: He aquí tu siervo. David le dijo: No temas, porque ciertamente te mostraré bondad por amor a tu padre Jonatán, y te devolveré toda la tierra de tu abuelo Saúl; y tú comerás siempre a mi mesa.”
II Samuel 9:5-7

Mefiboset creía que David quería acabar con la Casa de Saúl, creía que David iba a matarle, pero David le dijo (estoy parafraseando):

“No temas, te he buscado para honrar el Pacto que hice con tu Padre, no temas, te he buscado porque amé a tu padre, no temas, te he buscado porque quiero mostrarte la bondad de Dios.”

David le devolvió la herencia que su abuelo Saúl había perdido y le concedió una posición de hijo en el Palacio del Rey.

“Y Mefiboset comió a la mesa de David como uno de los hijos del rey.”
II Samuel 9:11b

¿No te recuerda esta historia a algo? ¿No te suena de algo?

Antes de que naciésemos, Jesús hizo un Pacto, antes de que naciésemos, Jesús nos amó, antes de que naciésemos, Jesús quitó nuestro pecado y nos perdonó . . . cuando vinimos a este mundo, Jesús nos buscó y NO nos buscó para matarnos, nos buscó para mostrarnos las bondades del Nuevo Pacto, nos buscó para llevarnos al Palacio y para que pudiésemos comer con Él . . . Mefiboset no podía caminar y nosotros, por causa de la caída de Adán y Eva, tampoco podíamos caminar, estábamos lisiados, sin vida espiritual, sin fe, sin esperanza en este mundo, pero vino Jesús, nos amó y nos levantó, nos llevó a la mesa del banquete y su bandera sobre nosotros fue AMOR . . . Jesús nos dio lo que perdieron nuestros abuelos (Adán y Eva) la presencia del Espíritu de Dios, la vida de Dios . . . esta es la grandeza del Nuevo Pacto: un lisiado comiendo con el Rey en Su Palacio. ¡Gloria a Dios por siempre!

“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros, que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo . . . Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios”
Efesios 2:13 y 19

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