Mentes Perversas

“Tienen una mente perversa, terminan alejados de la verdad y piensan que la vida dedicada a Dios es una manera de ganar dinero."
I Timoteo 6:5 – La Biblia Palabra de Dios para Todos

Muchos que bendicen a Israel, ¿por qué lo hacen? Porque afirman que el que bendice a Israel, será bendecido; muchos afirman que aman a Jerusalén, ¿por qué? Porque afirman “sean prosperados los que te aman”, muchos dan el diezmo, ¿por qué? Porque afirman que Dios les bendecirá . . . Estas personas que usan la Biblia para decirte que si haces algo, Dios te va a bendecir, una de dos: o no conocen el Nuevo Pacto o sus mentes son perversas.

En el Nuevo Pacto ya hemos sido bendecidos, ya tenemos todo lo que necesitamos, pero algunos quieren hacernos creer que vivimos bajo el Antiguo Pacto y que las bendiciones de Dios son condicionales. "Si tú haces tu parte, Dios hace la suya", ¿no es esto lo que dicen?

La Biblia NO es un libro para poder enriquecernos, nuestra vida en Cristo no es un medio para poder ganar dinero, el propio Judaísmo enseña que no debemos usar la Torá como una pala para cavar, es decir, no debemos usar la Escritura para obtener ganancias materiales, el apóstol Pablo nos dice que los que hacen esto, tienen una mente perversa, yo añado que también puede ser por su desconocimiento del Nuevo Pacto.

La cosa está clara: Nadie puede cumplir la Ley, por eso, nadie puede ser bendecido por la Ley y los que dicen que cumplen la Ley, están diciendo que NO pecan y el apóstol Juan nos dice que si alguno dice que no peca, la verdad NO está en él. Todos pecamos porque nadie cumple la Ley, por eso, todos necesitamos la gracia, la misericordia y el perdón de Dios, el perdón no sería importante si pudiésemos guardar la Ley.

Cuenta la Leyenda que los judíos son ricos, pero ¡ESTO ES FALSO! (ALGUNOS son muy ricos, pero porque se esfuerzan, estudian y trabajan duro), hay judíos “observantes” de la Torá que son MUY pobres, de hecho, cuando estuve en Jerusalén lo que más vi fue pobreza e idolatría, ¡Pobre Jerusalén! y en una ocasión, se me acercaron dos judíos ortodoxos que estaban pidiendo a los turistas y me acuerdo que les dije: “Oraré por vosotros” y uno de ellos me dijo: “No, no ores por mí” y entonces yo le dije: “¿Quieres mi dinero, pero no quieres mis oraciones?”, cuando le dije esto, miró al suelo avergonzado por lo que él mismo había dicho . . .

Dios nos entregó el regalo más valioso, la bendición más grande: su propio Hijo. En el Nuevo Pacto, Dios vino a servirnos, vino a bendecirnos, vino a entregarse a nosotros y por nosotros, vino a darnos una vida que ni la Ley, ni la Religión, ni el Mundo nos pueden dar: una vida en abundancia, espiritual, eterna e indestructible, una vida compartida con nuestro Dios.