La Oración: Alabanza, confesión y una galleta

Antes pensaba que cuando tenía que orar, debía primeramente alabarle, después tenía que confesar lo que Dios es y, finalmente, podía dirigirme a Dios en oración. Voy a poner un ejemplo práctico para que veamos lo que Dios tenía que pensar de mí, imaginemos que un hijo se acerca a su padre y le dice:

“Papá, ¡cuánto te quiero! ¿Te he dicho que eres el mejor Padre del mundo? Pues sí Papá, eres el mejor, déjame que te dé un abrazo MUY GRANDE, no hay nadie como tú Papá . . . y por cierto, ¿me puedes dar una galleta?”

Esto es lo que yo solía hacer: “Oh Señor, no nadie hay como tú, eres grande y poderoso, a ti levanto mis ojos y mis manos . . . y por cierto, ¿me puedes dar una galleta?” Lógicamente la galleta podía ser sanidad, provisión, bendición, etc

Supongo que cuando antes le decía a Dios: “Oh Señor, no hay nadie como tú . . .”. Dios pensaría: “A ver qué me va a pedir ahora Juan”.

La oración es mucho más que pedir a nuestro Padre Celestial una galleta.

La oración es comunión, la oración es compañerismo, la oración es relación, la oración es amor, la oración es confianza, la oración es gratitud, la oración es libertad, la oración es bendecir, la oración es un suspiro, la oración es un deseo, la oración es hablar con nuestro Padre, la oración es llorar en su presencia, es reírnos con Él, la oración es escondernos entre sus brazos, la oración es abrir nuestro corazón para poder escucharle, la oración es compartir nuestras vidas con Él . . . la oración es un abrazo que le damos a Dios y que Él nos da a nosotros.