Las mujeres deben estar sujetas a sus maridos

Si yo fuese una mujer y leyera solamente la parte final de este versículo (Efesios 5:24), me daría un poco de miedo pensar que debo estar sujeta a mi esposo en todo, este versículo ha sido usado incorrectamente por muchos esposos, pero ¿qué significa que “las esposas deben estar sujetas a sus maridos así como la Iglesia está sujeta a Cristo”? Este versículo, citando las dos partes, debe producir en el corazón de cada esposa una inmensa paz y tranquilidad porque si la esposa debe estar sujeta al marido como la Iglesia lo está a Cristo, ¡Menudo privilegio y menuda bendición!

Pensemos en lo que Cristo ha hecho, hace y hará por su Iglesia, pensemos en lo que Cristo siente por su Iglesia, cómo nos ama, cómo nos anhela, cómo nos acompaña, cómo nos habla, cómo nos consuela, cómo nos trata, ¡cómo nos sirve! ¿Es difícil estar sujetos a Cristo? ¡NO! Cristo vino a servir, él vino a darnos, él vino a bendecirnos, él vino a levantarnos, de igual forma, nosotros, como esposos, debemos amar, levantar, bendecir, servir a nuestras esposas: preparémosles el desayuno, hagámosles nosotros la cena, comprémosles flores, quitémosles cargas, etc, etc, etc . . . y cuando nos digan: “Cariño, NO hace falta hacer tanto por mí” . . . entonces nosotros, les diremos: “debes estar sujeta a tu marido, por tanto, déjame que te siga amando, que te siga bendiciendo, que te siga sirviendo y que siga haciendo lo que pueda para que seas una esposa feliz” . . . ¡Cómo cambia todo cuando entendemos el amor de Dios y conocemos a nuestro Señor Jesús!

“. . . así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. Así también deben amar los maridos a sus mujeres . . .”
Efesios 5:25-28a