La Grandeza de las Revelaciones

Muchas de las enseñanzas del Mesías tenían el propósito de mostrar a su Pueblo Israel que estaba en pecado, por eso, los fariseos se indignaron cuando los propios judíos eran bautizados por Juan, ya que el bautismo lo usaban los fariseos para hacer prosélitos, los fariseos no aceptaron el bautismo de Juan porque no reconocían que eran pecadores (Lc. 7:30).

Jesús mostró que nadie guardaba la Ley y vino precisamente en una época donde, gracias a los takanót (ordenanzas / promulgaciones) y a los guezerót (decretos / prohibiciones), los fariseos creían que habían encontrado la forma de guardar la Ley, pero curiosamente, cuando viene el Mesías tuvo que mostrarles, de muchas formas, que NO guardaban la Ley, ya que la Ley se dio para que los hombres entendiesen que necesitaban la misericordia y la gracia de Dios, que necesitaban un Salvador.

Pablo recibió: “la extraordinaria grandeza de las revelaciones” (II Co. 12:7), Pablo tuvo la revelación completa de lo que es y abarca el Nuevo Pacto, él recibe la revelación de que la Ley despierta pasiones pecaminosas (Ro. 7:5), esto es algo que un judío consideraría una blasfemia, pero Pablo sigue diciendo que el pecado está muerto si no hay Ley (Ro. 7:8), por tanto, con la Ley, el pecado está vivo (Ro. 7:9), también Pablo afirma que la Ley da poder al pecado (I Co. 15:56) . . . por eso, NO nos debe sorprender lo que Pablo nos enseña: que hemos muerto a la Ley (Ro. 7:4; Gl. 2:19), que somos libres de la Ley (Ro. 7:6), que no estamos bajo ayo (Gl. 3:25), que no estamos bajo la Ley (I Co. 9:20; Gl. 5:18), sino bajo la Gracia (Ro. 6:14 y 15), de hecho, la carta a los Gálatas es una carta en la cual vemos a Pablo indignado porque algunos querían guardar la Ley de Moisés, querían estar bajo la Ley, pero Pablo que la conocía bien, les dice: “Decidme los que queréis estar bajo la Ley, ¿no habéis oído la Ley?” (Gl. 4:21) . . . Pablo también les dice que ni aun los que se circuncidan, guardan la Ley (Gl. 6:13). Cuando Pedro dejó de comer con los gentiles por miedo a un grupo de creyentes-judíos de parte de Jacobo (Gl. 2:12), Pablo tuvo que reprenderle porque era de condenar (Gl. 2:11), Pedro estaba marcando una distinción entre un judío y un gentil, y Pablo enseña contundentemente que ya NO hay judío ni gentil en el Nuevo Pacto (Ro. 10:12; Gl. 3:28; Col. 3:11), pero también Pedro dejó de comer con los gentiles para guardar la Ley, por eso, era de condenar, porque el que quiera guardar la Ley, será condenado por ella (II Co. 3:9), porque precisamente la Ley se dio para que “toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios” (Ro. 3:19), por eso, la Ley nos lleva a Cristo (Gl. 3:24), por eso, el propósito final de la Ley es Cristo (Ro. 10:4) y ahora en Él tenemos una vida nueva, bajo un Nuevo Pacto establecido sobre mejores promesas (Heb. 8:6). Todos los que hemos puesto nuestra fe y confianza en Él, somos hijos de Dios, perdonados, justificados, santificados, redimidos, bendecidos siendo guiados por el Espíritu Santo y siendo amados por el Padre.