Nuestro Héroe

Jesús usó una parábola en respuesta a una pregunta que le hace un “maestro de la Ley” para mostrarnos lo que Él ha hecho por nosotros, se trata de la Parábola del Buen Samaritano (Lc. 10:25-37), en esta parábola encontramos varios personajes:

  • El hombre medio muerto que cayó en manos de ladrones.
  • El sacerdote y el levita.
  • El Buen Samaritano.

¿Quién es el Samaritano en esta historia? El samaritano de la parábola es el propio Jesús.

¿Quién es el sacerdote y el levita? Los religiosos.

¿Quién es esa persona sin ropa, herida, golpeada y medio muerta? NOSOTROS.

Siempre hemos oído que debemos ser como el Buen Samaritano, pero, en realidad, en esta parábola, el Buen Samaritano es Jesús.

Cuando el diablo nos había golpeado duramente, cuando estábamos desnudos y heridos, cuando el ladrón nos había dejado medio-muertos quitándonos la vida, la fe y la esperanza . . . alguien hizo algo que ninguna religión pudo hacer, alguien hizo algo que los religiosos no pudieron hacer, alguien llamado Jesús se acercó a nosotros en medio de nuestra miseria y pecaminosidad, nos miró con ojos llenos de compasión y nos curó las heridas, derramó sobre nosotros el aceite que hace brillar el rostro y el vino que alegra el corazón de los hombres, Jesús vendó y curó nuestro corazón quebrantado, nuestra alma abatida, Él nos dio vida, nos levantó y nos llevó a la presencia del Padre . . . Él es el Buen Samaritano, el que nos amó y tuvo compasión de nosotros, nuestro héroe, JESÚS.

“Pero un samaritano vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.”
Lucas 10:33 y 34