Un Camino Nuevo y Vivo

“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo;”
Mateo 27:51

El velo (en hebreo: “parójet”) que se rasgó en dos era el velo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo (Ex. 26:33), solamente el sumo sacerdote podía atravesarlo una vez al año, en el día de Yom Kipur, para hacer expiación por los pecados del Pueblo de Israel (Lv. 16).

El velo representaba la barrera que había entre Dios y los hombres, barrera creada por los pecados del mundo, de hecho, los querubines que guardaban el camino del Árbol de la Vida en Génesis (Gn. 3:24), ahora están también en el velo (Ex. 26:31), guardando el camino a nuestro Dios, PERO con la muerte del Cordero de Dios, dicha barrera fue quitada (Jn. 1:29) y un camino nuevo fue abierto entre los querubines para poder entrar al Lugar Santísimo y poder recibir su vida.

“Queriendo el Espíritu Santo dar a entender esto: que el camino al Lugar Santísimo aún no había sido revelado en tanto que el primer tabernáculo permaneciera en pie;”
Hebreos 9:8

Mientras que el sacerdocio levítico estaba vigente, mientras que los sacerdotes ofrecían sacrificios que NO podían quitar los pecados (Heb. 10:11), el nuevo camino hacia al Lugar Santísimo todavía NO había sido manifestado, fue después de la muerte de Jesús cuando se produjo un cambio de Ley y de Sacerdocio (Heb. 7:12) y el camino fue revelado: Jesús es el camino nuevo y vivo y por medio de su sacrifico, tenemos entrada al Lugar Santísimo, tenemos entrada al corazón del Padre.

“Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne,”
Hebreos 10:19 y 20

El Cordero de Dios quitó los pecados del mundo, quitó la barrera, rasgó el velo del Templo, el velo se rasgó en dos de arriba abajo, indicando que era la obra de Dios y no la de los hombres, ya que un hombre lo habría rasgado de abajo arriba, ahora, por medio de Jesús y de su sacrificio, podemos entrar con fe, con confianza y con libertad al Lugar Santísimo, ya no hay velo, ya no hay barrera, ya no hay rechazo, ya no hay temor, ya no hay condenación, ya no hay juicio ¡AleluYah!, pero no solamente eso, ahora nuestro Dios NO mora en un Templo hecho por manos de hombres, ahora Dios mora en nosotros, los que hemos puesto nuestra fe y confianza en su Hijo Jesucristo.