Estaban demasiado ocupados sirviéndole

“He aquí, yo envío a mi mensajero, y él preparará el camino delante de mí. Y vendrá de repente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis”
Malaquías 3:1a

Esta profecía se cumplió con Juan el Bautista (el mensajero que preparó el camino del Señor) y se cumplió cuando Jesús – el Señor – vino a Su Templo. Jesús estuvo muchas veces en Su Templo predicando, enseñando, sanando . . . yo me imagino a Jesús paseando en el Templo y pensando algo así:

“Aquí están los sacerdotes, los levitas, los fariseos, escribas . . . y todos dicen que están sirviendo al Rey de Israel, pero YO soy el Rey de Israel y NO me han reconocido, no quieren escucharme, ni quieren creer en mí. ¡Oh Jerusalén!”

El Señor vino y no le reconocieron, posiblemente estaban demasiado ocupados sirviendo en el Templo, ocupados con sus diezmos, ofrendas, sacrificios, plegarias . . . y ahora viene la pregunta clave ¿Conocían los líderes espirituales del Pueblo de Israel la Torá? Por supuesto que SÍ! Pero ¿Conocían a Dios? ¡Por supuesto que NO! Una persona puede conocer perfectamente la Torá SIN conocer a Dios, ¿Por qué? Porque la Torá NO se dio para poder conocer a Dios, la Ley se dio para que nosotros nos conozcamos, para que conozcamos que somos pecadores y que necesitamos la misericordia de Dios, la Ley se dio para llevarnos al Mesías.

NO hay ninguna promesa en la Torá que diga que cuando cumplamos ciertos mandamientos, entonces le conoceremos. Repito, la Torá NO se dio para poder conocer a Dios, si queremos conocer a Dios ¡Miremos a Jesús! ¡Emanuel – Dios con nosotros! ¡Aprendamos de Él! ¡Quien le ha visto a Él, ha visto al Padre! Ahora en el Nuevo Pacto, SÍ podemos conocer a Dios, SÍ podemos tener una relación con Él ¿cómo? ¿por nuestra obediencia? ¿por nuestro sacrificio? ¡NO y NO! Por el Nuevo Pacto en la sangre del Mesías, por la nueva vida que tenemos en Él y por el Espíritu de Dios que mora en nosotros.

“porque TODOS me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande--declara el SEÑOR-- pues PERDONARÉ su maldad, y NO recordaré más su pecado.”
Jeremías 31:34b