La Santa Cena: ¿Fiesta o Funeral?

Me asombra como la tradición y la religiosidad pueden transformar un momento de alegría y de victoria en un momento de tristeza y de temor. En el tiempo de alabanza y adoración disfrutamos de la presencia de Dios, en la predicación disfrutamos de la Palabra de Dios, Dios nos habla y nos edifica, PERO cuando llega el momento de la Santa Cena, el piano comienza a hacer una melodía misteriosa, los niños dejan de llorar, los jóvenes dejan de leer los mensajes en sus móviles, los hermanos paran de hablar, incluso el perro del vecino deja de ladrar ¿Por qué? Porque ha llegado el momento de examinar nuestro corazón y meditar en lo que hemos hecho durante la semana, ¿hemos sido buenos o hemos sido malos? ¿somos dignos o no somos dignos después de lo que hicimos ayer? ¿puedo o no puedo participar de la Santa Cena? ¿saldré vivo de ésta? . . . Jesús dijo: “Haced esto EN MEMORIA DE MÍ” . . . y ¿qué hacemos nosotros? Nosotros, cuando vemos el pan y el vino preparados, en vez de pensar en ÉL, comenzamos a pensar en nuestros pecados, es curioso porque en la alabanza hemos mirado a Dios; en la predicación, Dios nos ha hablado y ahora en la Santa Cena, ¿Nos tenemos que mirar a nosotros mismos? ¿Tenemos que evaluar nuestra vida espiritual? ¿Nuestras buenas obras tienen que pesar más que nuestros pecados? La tradición y la religiosidad nos han robado, se han llevado una Fiesta y nos han dado un Funeral, nos han quitado el gozo y la alegría al participar de la Santa Cena, la tradición dice: “Mírate, mira tu vida, mira lo que has hecho, hay pecado en tu vida, no eres digno de participar de la Santa Cena”. Sin embargo, Jesús nos dice: “Pon los ojos en mí, recuerda mi obra en la cruz en este preciso y precioso momento, por mi sangre y por mi cuerpo tú tienes vida, por mi sangre he hecho un Nuevo Pacto por el cual NO recuerdo tus pecados, no recuerdes lo que YO no recuerdo, regocíjate en mi obra, regocíjate en mi salvación, anuncia mi muerte, anuncia mi victoria en la cruz”.

Cuando vemos el pan y el vino, deberíamos llorar de gozo y saltar de alegría pensando en todo lo que Jesús hizo por nosotros. Por medio de su sangre, hemos sido limpiados y perdonados, por medio de su cuerpo, hemos sido sanados, participemos del pan y del vino teniendo nuestros ojos en ÉL y haciéndolo en MEMORIA DE ÉL.

“Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto EN MEMORIA DE MÍ . . . Esta copa es el NUEVO PACTO en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, EN MEMORIA DE MÍ. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, LA MUERTE DEL SEÑOR ANUNCIÁIS HASTA QUE ÉL VENGA.”
I Corintios 11:24-26

La Santa Cena es una Cena en familia, una Cena de comunión con Dios y con nuestros hermanos, es una Cena de Amor, es una CELEBRACIÓN EN MEMORIA DE AQUEL QUE NOS AMÓ, Y NOS LAVÓ de nuestros pecados con su sangre, y NOS HIZO reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a ÉL SEA GLORIA E IMPERIO POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. AMÉN (Ap. 1:5 y 6).

NOTAS FINALES IMPORTANTES:

- Esta reflexión NO trata de explicar si la Cena del Señor es la Cena de Pésaj (la Pascua) o si la tenemos que celebrar una vez al año, una vez al mes, una vez a la semana o todos los días, esta es una pequeña reflexión para que podamos realmente disfrutar, con acción de gracias, de dicha Cena.

- Aunque se suele usar la expresión “La Santa Cena”, en realidad la expresión más correcta seria: LA CENA DEL SEÑOR (véase I Co. 11:20).

- Algunos de la Iglesia de Corinto participaban de la Cena del Señor indignamente (adverbio) cuando (I Co. 11:17-34):

  • Se comían toda la cena, no dejando para los hermanos necesitados y para los que todavía no habían llegado.
  • Se bebían todo el vino hasta el punto de emborracharse.
  • Menospreciaban el Cuerpo de Cristo y avergonzaban a los que NO tenían nada.

Por ESTOS motivos y ESTAS circunstancias que se estaban dando (no tenían nada que ver con lo que habían hecho la semana anterior), Pablo les dice que se examinen a ellos mismos para que no sean juzgados.

- Termino recordando que el autor de I Corintios 11:17-34 es el mismo que escribió:

“Ahora, pues, NINGUNA condenación hay para los que están en Cristo Jesús”
Romanos 8:1