La Gracia, el Amor y el Fruto

Algunos cuando oyen la palabra gracia, oyen “peligro: licencia para pecar”, cuando yo escucho la palabra gracia, la palabra amor, la palabra perdón, la palabra misericordia . . . algo maravilloso sucede en mi interior, tengo un deseo profundo de conocer a ese Dios que se hizo hombre y murió por nosotros para que nosotros pudiésemos vivir, a ese Dios que llevó nuestra maldición para que nosotros pudiésemos disfrutar de su bendición, a ese Dios que llevó nuestro dolor para que nosotros pudiésemos ser sanados, a ese Dios que llevó nuestro pecado para que nosotros recibiésemos su justicia . . . la gracia y el amor NO nos llevan al pecado, la gracia y el amor hacen que corramos a los brazos de Jesús, hacen que nos refugiemos en sus brazos y cuando hemos entendido la gracia de Dios y el amor de Dios, entonces el pecado deja de atraernos, ¿cómo no vamos a amar a aquel que nos amó tanto, a aquel que dio su vida por nosotros? Y si le amamos . . . ¿cómo vamos a amar al pecado? No podemos amar a Dios y al pecado al mismo tiempo . . . el pecado ha perdido su poder sobre nosotros porque hemos muerto al pecado, ahora nuestra mirada está en Jesús, ahora en Él disfrutamos de una NUEVA VIDA con la presencia de Dios, con su gracia, con su amor, con su misericordia, con su paz, con su poder . . . para mí la gracia es una persona, Jesucristo, y cuanto más le conozco y experimento su amor, más le amo y cuanto más le amo, más fruto surge de mi vida, un fruto de justicia y de santidad para la Gloria y Honra de nuestro Dios . . .

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