Manos llenas de sangre

La religión produce ataduras, la religión nos enseña qué hacer para agradar a Dios y qué hacer para no ofenderle, nos enseña cómo evitar los castigos divinos y cómo conseguir las recompensas celestiales, PERO Yeshua NO ha venido a traernos una religión, la mayoría de nosotros creemos que la religión NO salva, y es totalmente cierto, pero no solamente NO puede salvar, la religión tampoco me puede ayudar, tampoco me puede santificar, tampoco me puede dar vida, tampoco me puede liberar, tampoco me puede llenar ni perdonar . . . yo he estudiado la Torá (la Ley), estuve en una comunidad mesiánica para estudiar Torá y Judaísmo, y descubrí algo que Pablo enseña: la Ley NO me da vida, no me da paz, no me da gozo, no me da esperanza, no me da seguridad, la Ley me mostró lo malo que soy, la Ley me mostró lo lejos que estoy de Él, la Ley me mostró que yo era peor de lo que yo pensaba, por eso, la Ley nos lleva al Salvador, al que nos puede quitar el pecado, al que nos puede dar amor, perdón, paz, justicia y una NUEVA VIDA. La Ley nos lleva a Yeshua y después nos queda vivir una vida de confianza, de fe, una vida en el Espíritu, siendo guiados por el Espíritu Santo que mora en nosotros . . .

Ahora entiendo mejor el Nuevo Pacto porque estudié el Antiguo, entiendo mejor el mensaje de Yeshua porque estudié el contexto de Yeshua, es una pena que muchos que estudian la Torá, lo único que aprendan es: que NO se puede comer cerdo, que NO se puede celebrar la Navidad, que NO se puede decir Jehová ni Jesús, que el Domingo NO es el Día de Reposo . . . ¡Qué triste!

“Cuando extendáis vuestras palmas, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos.” Isaías 1:15

El Pueblo de Israel extendía sus manos a Dios esperando recibir de Él, pero las manos del Pueblo de Israel NO estaban vacías, estaban llenas de religión, estaban llenas de la sangre de los sacrificios. Dios les dice:

“Harto estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de ganado cebado; y la sangre de novillos, corderos y machos cabríos no me complace.” Isaías 1:11

Dios estaba harto de los sacrificios, estaba harto de la sangre que se derramaba ¿por qué? Porque el Pueblo NO dejaba de pecar y como NO dejaba de pecar, tenían las manos llenas de sangre por todos los sacrificios que tenían que hacer para obtener el perdón. Ellos pensaban que tenían una forma de estar bien con Dios sin abandonar sus malos caminos: pecamos, nos arrepentimos, sacrificamos, somos perdonados, pecamos, nos arrepentimos, sacrificamos, somos perdonados . . . este círculo no era lo que Dios quería, Dios NO quería que entregarán sacrificios una y otra vez, Dios quería que ellos se entregaran a Él, Dios quería que entregarán su corazón, sus vidas . . . Dios tiene que decirles que:

“Cuando venís a presentaros delante de mí, ¿quién demanda esto de vosotros . . .?” Isaías 1:12

Dios dice que NO les quiere ni ver, Él no demandaba que hicieran lo que estaban haciendo, por eso, no eran bienvenidos en su Presencia ni en sus atrios.

“Cuando extendáis vuestras palmas, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos.” Isaías 1:15

La única sangre y el único sacrificio válido es el sacrificio de Yeshua, y si estás cubierto con la sangre de Yeshua, Dios NO esconderá de ti sus ojos y escuchará tu oración. Cuando oramos, siempre somos bienvenidos porque NO nos acercamos a Él por medio de nuestros sacrificios, nos acercamos a Él por medio de la preciosa sangre de Yeshua.