Diez Letras

En cierta ocasión, durante los Días de Arrepentimiento (los 10 días anteriores a Yom Kipur), Isaac Luria oyó una voz del cielo que le decía que a pesar de la intensidad de su oración, había un hombre en una ciudad vecina cuya capacidad para la oración excedía incluso a la suya. En cuanto pudo, el Rabino Isaac viajó hasta esa ciudad y buscó al hombre en cuestión.

He oído cosas maravillosas acerca de ti”, le dijo cuando lo encontró. “¿Eres un estudioso de la Torá?”.

No”, dijo el hombre, “nunca tuve la oportunidad de estudiar”.

Entonces debes ser un maestro de los salmos, un genio devoto que ora con gran intensidad”.

No”, dijo el hombre. “He oído los salmos muchas veces, por supuesto, pero ni siquiera conozco uno lo bastante bien como para recitarlo."

¡Y sin embargo”, gritó el Rabino, “me han dicho que la calidad de tu oración sobrepasa a la mía! ¿Qué hiciste durante los Días de Arrepentimiento que mereciera tal alabanza?

Rabino”, dijo el hombre, “soy analfabeto. De las 22 letras del alfabeto hebreo no conozco más que 10. Cuando entré en la sinagoga y vi a los fieles orando con tanto fervor, creí que se me rompía el corazón en el pecho. Yo NO podía orar en absoluto. De manera que dije:

Señor del Universo, aquí están las letras que conozco: álef, bet, guímel, dálet, he, vav, záyin, jet, tet y yod. Combínalas de manera que Tú las entiendas, y espero que te sean gratas.

Y entonces repetí estas 10 letras una y otra vez, confiando en que Dios las entretejería formando palabras.