Mateo 24:9-13

“Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.”
Mateo 24:9

¿A quién habla Jesús? Jesús está hablando a sus discípulos (concretamente a Pedro, Jacobo, Juan y Andrés - aunque posiblemente se unirían a este discurso todos los demás), por tanto, estos discípulos sabían que:

• serían aborrecidos.
• serían entregados a tribulación.
• morirían por causa del nombre de Jesús.

Encontramos la muerte de uno de ellos – Jacobo – (44 d.C.) y del encarcelamiento de otro para su pronta ejecución – Pedro -  en Hechos 12, veamos:

“En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces los días de los panes sin levadura. Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua. Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.”
Hechos 12:1-5

Pedro, de una forma sobrenatural, fue librado de la muerte en esta ocasión, pero posteriormente fue crucificado por Nerón (aprox. 65 d.C.) como Jesús mismo le había profetizado:

“Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después.”
Juan 13:36

La tradición también nos dice que Andrés murió crucificado en el 60 d.C.

En el versículo paralelo en el Evangelio de Marcos podemos leer:

“Pero mirad por vosotros mismos: Os entregarán a los sanedrines y seréis azotados en las sinagogas, y compareceréis delante de gobernadores y de reyes por causa de mí, para testimonio a ellos.”
Marcos 13:9 – Biblia Textual

Los sacerdotes y los saduceos metieron en la cárcel a Pedro y a Juan como podemos ver en Hechos:

“Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde.”
Hechos 4:1-3

Un grupo de la Sinagoga llamada Sinagoga de Libertos llevó a Esteban al Sanedrín acusándole falsamente (Hch. 6:11 y 12), al final, el Sanedrín hizo que lo sacaran de la ciudad y muriese apedreado (34 d.C.).

Como ya hemos visto, a Jacobo le mató el rey Herodes Agripa I, un grupo de judíos llevó al apóstol Pablo al Tribunal ante el procónsul de Acaya, Lucio Junio Galión (Hch. 18:12), también compareció ante Félix, gobernador romano (Hch 24) y ante el rey Herodes Agripa II (Hch. 26).

Los cristianos eran aborrecidos y sufrieron distintas persecuciones:

“para acabar con los rumores, Nerón presentó como culpables y sometió a los más rebuscados tormentos a los que el vulgo llamaba cristianos (64 d.C.), aborrecidos por sus ignomias. Aquel de quien tomaban nombre, Cristo . . .”
Cayo Cornelio Tácito. Anales, Libro XV

Con las palabras que hemos leído de Jesús desde Mateo 24:1 hasta Mateo 24:9, Jesús está preparando a sus discípulos para todo lo que les va a venir EN ESA MISMA GENERACIÓN, por eso, en el Evangelio de Juan podemos leer:

“Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí. Mas os he dicho estas cosas, para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho.”
Juan 16:1-4

Los discípulos recordarían las palabras de Jesús cuando estuviesen encarcelados, cuando fuesen entregados a las sinagogas y sanedrines, cuando estuviesen a punto de morir y lo más importante: NO TROPEZARÍAN, afianzarían su fe en las propias palabras de Jesús, palabras que les traerían consuelo, ánimo y firmeza. En el Evangelio de Marcos, Jesús les dice que el Espíritu Santo estaría con ellos y les daría las palabras que deberían hablar:

“Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.”
Marcos 13:11

Volvamos al Evangelio de Mateo . . .

“Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos . . .”
Mateo 24:10-11

En el Evangelio de Marcos podemos leer:

“Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán.”
Marcos 13:12

A partir del 67 d.C. esta es la situación que encontramos entre el Pueblo Judío según relata el historiador judío Flavio Josefo:

“Cuando los judíos se tomaban un respiro de la guerra con los romanos, se enzarzaban entre sí. Era muy dura la contienda entre los partidarios de la guerra y los que anhelaban la paz. En primer lugar surgieron disputas en familias que antes habían estado en armonía y, en segundo lugar, personas que eran muy amigas se rebelaron unas contra otras y cada uno se unía a aquellos que tenían sus mismas pretensiones . . .”
La Guerra de los Judíos – Libro IV (67 – 69 d.C.)
    
En el libro “Ambiente político del pueblo judío en tiempos de Jesús” de Hernando Guevara podemos leer:

“. . . dentro de Jerusalén: el joven capitán del templo, Eleazar, hijo del tristemente célebre sumo sacerdote Ananías, apoyado naturalmente por sus partidarios, suspende los sacrificios que se ofrecían diariamente por Roma y por el emperador . . . el atrevimiento del capitán del templo consternó a gran parte de la aristocracia, que condenó enfáticamente el hecho. Podemos, pues, hacernos una idea bastante objetiva de la situación dentro de Jerusalén si pensamos en cuatro grupos: la aristocracia, dividida en partidarios de la guerra, encabezados por Eleazar, hijo de Ananías, y enemigos de la guerra, y el pueblo común, que tendría que estar dividido de la misma manera, pero hay que tener en cuenta que entre el pueblo común había muchos que estaban profundamente resentidos contra la aristocracia y en particular contra el sumo sacerdote Ananías, padre del jefe revolucionario aristócrata. Basta recordar lo que Josefo, aristócrata también, afirma de las extorsiones de los sumos  sacerdotes y, en especial, del sumo sacerdote Ananías. Estando así las cosas, entra en Jerusalén el grupo rebelde (los zelotes), encabezado por Menahén. Estos rebeldes recién llegados muestran desde el principio su odio a la aristocracia: se apoderan de la ciudad alta, que era donde residían los ricos, y se entregan a quemar las casas y palacios de los aristócratas y a destruir los comprobantes de deudas. Menahén se convierte en jefe de la rebelión. Entonces sus secuaces dan muerte al sumo sacerdote Ananías, padre del líder revolucionario de los aristócratas, y a otros notables. Esas muertes enardecen a los partidarios de Eleazar, quienes dan muerte a Menahén «cuando él se dirigía con gran pompa a orar en el templo, ataviado con vestiduras reales y arrastrando en pos de sí a los zelotes armados» . . . Dentro de Jerusalén, la gente estaba dividida: unos, partidarios de la paz y del entendimiento con Roma, entre los que estaría la mayoría de la aristocracia, y otros partidarios de la guerra, y entre estos últimos estaba, de una parte, el grupo aristócrata, encabezado por Eleazar y otros revolucionarios, que no sólo eran contrarios a Roma, sino también a los aristócratas . . .”

En el Evangelio de Lucas podemos leer:

“Y caerán a filo de espada y serán llevados cautivos a todas las naciones . . .”
Lucas 21:24a

El historiador judío Flavio Josefo relata . . .

“los romanos se metieron por las callejuelas con sus espadas en las manos, mataron sin hacer distinción a todos los que se encontraron e incendiaron las casas con la gente que se había refugiado en ellas . . . después de que los soldados se hartaron de matar, aún seguían apareciendo numerosos sobrevivientes. César ordenó ejecutar sólo a los que estaban armados y a los que ofrecían resistencia y apresar vivo al resto. Pero ellos acabaron también con la vida de los ancianos y de los débiles . . . a los que tenían más de diecisiete años los encadenó y envió a trabajar a Egipto. Muchísimos fueron donados por Tito a las provincias para que la espada o las fieras acabaran con ellos en los teatros. Los que no llegaban a esta edad fueron vendidos. Todos los prisioneros que fueron capturados en el conjunto de la guerra sumaron noventa y siete mil y los que perecieron en la totalidad del asedio fueron un millón cien mil. La mayoría de estos eran judíos, pero no eran naturales de Jerusalén, puesto que se había concentrado gente de todo el país para la fiesta de los Ácimos (la Pascua), cuando de repente les sorprendió la guerra.”
La Guerra de los Judíos – Libro VI (70 d.C.)

“. . . y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.”
Mateo 24:12

El historiador judío Flavio Josefo nos dice:

“Las mujeres quitaban la comida de la boca a sus maridos, los hijos a sus padres y, lo que es más triste, las madres a sus bebés, y cuando sus seres más queridos estaban muriendo en sus brazos no se avergonzaban de chuparles las gotas de vida que aún les quedaban . . .
La Guerra de los Judíos – Libro V (70 d.C.)

“Voy a exponer un hecho como nunca se ha visto entre los griegos ni entre los barbaros, algo que es terrible de contar e increíble de oír. Yo, por mi parte, para no parecer ante la posteridad que me invento historias, con gusto omitiría contar esta desgracia, si no tuviera innumerables testigos entre la gente de mi propia época. Además, haría un flaco favor a mi patria, si renunciara a relatar las desgracias que padeció. Una mujer . . . se refugió en Jerusalén . . . y allí sufrió el asedio . . . como el hambre se iba a adueñando de sus vísceras y de su médula . . . cometió un acto contrario a la naturaleza. Cogió a su hijo, que aún era un niño de pecho y dijo: ¨Desgraciada criatura, ¿para qué te mantengo vivo en medio de la guerra, del hambre y de la sedición? Si vivimos para entonces, los romanos nos esclavizarán, pero el hambre llega antes que la esclavitud y los rebeldes son peor que lo uno y lo otro. Vamos, sé tú mi alimento, un espíritu vengador para los sediciosos y una leyenda para la humanidad, la única que faltaba entre las desgracias judías.¨ Mientras decía esto mató a su hijo, luego lo asó, se comió la mitad y el resto lo guardó escondido . . . Rápidamente por la ciudad se extendió la noticia del crimen. Todos se estremecían al poner delante de sus ojos esta atrocidad, como si ellos mismos se hubieran atrevido a cometerla. Los hambrientos se apresuraban a morir y consideraban felices a aquellos que habían perecido antes de oír o ver desgracias tan grandes.”
La Guerra de los Judíos – Libro VI (70 d.C.)


“Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”
Mateo 24:13

Veamos el versículo paralelo en el Evangelio de Lucas:

“Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas.”
Lucas 21:19

Jesús les da la clave para que puedan ganar sus almas y ser salvos (de la muerte):

“Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los sanedrines y en sus sinagogas os azotarán. Aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles. Y cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué habéis de hablar, porque en esa hora os será dado lo que habéis de hablar, pues no sois vosotros quienes habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que habla en vosotros. El hermano entregará a muerte al hermano, y el padre al hijo, y los hijos se rebelarán contra los padres, y los matarán. Y seréis aborrecidos por todos a causa de mi Nombre, pero el que haya perseverado hasta el fin, éste será salvo. Y cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo: No terminaréis de recorrer las ciudades de Israel, hasta que venga el Hijo del Hombre.”
Mateo 10:17-23 – La Biblia Textual

Jesús les dice a sus discípulos que cuando les persigan en una ciudad, ¡HUYAN A OTRA! Los que siguieron la exhortación de Jesús, ganaron sus almas / vidas con mucha paciencia y perseverancia.

Pedro también predicó diciendo:

“Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.”
Hechos 2:40

En la versión “La Biblia Palabra de Dios para Todos” este versículo es traducido de la siguiente forma:

“Pedro les advirtió de muchas maneras y les pidió con insistencia: -¡Sálvense de esta gente perversa!”

Cuando un grupo de judíos quería matar a Pablo, Pablo sigue la exhortación de Jesús y de Pedro salvándose de esa gente perversa:

“Cuando habían pasado muchos días, los judíos tramaron darle muerte, pero el complot llegó a ser conocido por Saulo. Y aun vigilaban estrictamente las puertas de día y de noche para que lo mataran. Entonces sus discípulos, tomándolo de noche, lo bajaron por el muro descolgándolo en una canasta.”
Hechos 9:23-25

Si estás siendo perseguido por el Evangelio en un lugar concreto, no te quedes allí, hay otras personas, en otros lugares, con hambre y sed de Dios, cuando nos persigan, hagamos caso de lo que Jesús dijo a sus discípulos: ¡HUYAMOS, SALVEMOS NUESTRA VIDA PARA QUE PODAMOS SEGUIR PROCLAMANDO LAS BUENAS NOTICIAS!

MATEO 24:14-20

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