Mateo 24:4-8

“Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.”
Mateo 24:4-7

Señales del Fin de este Siglo:

1. Falsos Mesías

“. . . vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.”

Jesús nos dice que muchos vendrán afirmando que son el Ungido, el Mesías, el Cristo, el Salvador y engañarán a muchos.

Después de la muerte de Jesús, ¿Hubo alguien que afirmase ser el Mesías? Sí, varios: Teudas, Judas el Galileo (Hch. 5:36 y 37), Simón el Mago (Hch. 8:9-11), el samaritano Dositeo, etc, etc, etc

El historiador judío Flavio Josefo nos habla de estos falsos ungidos:

“En las fechas en que Fado era procurador de Judea (44 – 46 d.C.) un mago, de nombre Teudas, procuró persuadir a una masa infinita de personas a que recogieran sus pertenencias y lo siguieran hasta el río Jordán, pues les decía que era un profeta y les aseguró que a una orden suya se abrirían las aguas del río y que de esta manera les haría fácil el cruce. Y con estas palabras embaucó a muchos.”
Antigüedades Judías – Libro XX

“La situación en Judea iba de mal en peor cada vez más. En efecto, el país volvió a llenarse de partidas de bandidos e impostores que embaucaban a las masas . . . las fechorías cometidas por los bandidos llenaron la ciudad de tal suerte de sacrilegios, mientras los brujos y falsarios se esforzaban por persuadir a las masas a seguirlos al desierto, puesto que, según les aseguraban, les mostrarían prodigios y señales claras que iban a producirse por prescripción divina.”
Antigüedades Judías – Libro XX

“. . . el falso profeta egipcio causó a los judíos males mayores que éstos (aprox. 55 d.C.). Se presentó en el país un charlatán que se ganó la fama de profeta. Reunió a unas treinta mil personas engañadas por él y las llevó desde el desierto al llamado Monte de los Olivos . . .”
La Guerra de los Judíos – Libro II

“En aquel entonces engañaron al pueblo personajes embusteros y que falsamente te decían hablar en nombre de Dios.”
La Guerra de los Judíos – Libro VI (70 d.C.)

Orígenes de Alejandría también menciona otro “Ungido”:

“Después de los días de Jesús, el samaritano Dositeo quiso persuadir a sus paisanos ser él el Mesías profetizado por Moisés, y parece haber atraído a algunos a su predicación. Mas no será fuera de razón alegar aquí el dicho de aquel Gamaliel de quien se escribe en los Hechos de los Apóstoles, para mostrar que todos ésos fueron ajenos a la promesa y no son ni hijos de Dios . . .”
Orígenes contra Celso 1.57

En el propio Nuevo Testamento leemos:

“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo . . . Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.”
I Juan 2:18 y 4:1

Werner Keller en su libro “Historia del Pueblo Judío” (página 70) afirma:

“En medio de este pánico y de la desesperanza se propaga un fanatismo religioso y aparecen falsos profetas y supuestos mesías que encuentran gran número de adeptos. Hacen creer al Pueblo que ellos podrían liberarlos de sus tribulaciones y del yugo romano.”

2. Guerras y rumores de guerras

“oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino”

El historiador romano Cayo Cornelio Tácito nos habla de este periodo que menciona Jesús afirmando:

“Emprendo un relato cuajado de calamidades, de batallas atroces, de sediciones y revueltas; un tiempo en que hasta la paz fue inmisericorde. A hierro perecieron cuatro emperadores; hubo tres guerras civiles, numerosas en el exterior y a menudo combinadas; la suerte nos fue favorable en Oriente y adversa en Occidente: hubo levantamientos en Ilírico, inestabilidad en las Galias, Britania fue sometida y, de inmediato, abandonada; se aliaron en contra nuestra los pueblos sármatas y suebos; del intercambio de derrotas los dacios se ganaron un respeto; a punto estuvieron incluso de levantarse en armas los partos tras el ridículo señuelo de un falso Nerón. Por su parte, Italia se vio afligida por desastres sin precedente o inusitados desde hacía una larga serie de siglos. Ardieron o quedaron sepultadas las más prósperas ciudades de la costa campana y Roma fue devastada por incendios, los santuarios más antiguos calcinados.”
Libro Primero de las Historias de Cayo Cornelio Tácito (69 – 70 d.C.)

Cuando los generales romanos entienden lo que estaba sucediendo en Jerusalén (todas sus luchas internas y rivalidades justo antes de su destrucción definitiva), le dicen a Vespasiano que aproveche la coyuntura para atacar y tomar Jerusalén, esta es la respuesta de Vespasiano:

“mientras los enemigos se destruían con sus propias manos con el peor de los males, como es el de la guerra civil, ellos, más bien, debían permanecer apartados de los peligros, como espectadores, y no poner su mano sobre hombres que se matan y que están furiosos unos contra otros . . . inmersos en la guerra civil y en la discordia sufren cada día males peores que los que les producirían los romanos si les atacasen y tomasen la ciudad. Por tanto, si hay que mirar por nuestra seguridad, es preciso dejar que los judíos se aniquilaran a sí mismos, y si hay que tener en cuenta un éxito muy glorioso para nuestra empresa, no es necesario atacar a enemigos que están enfermos en su propia casa . . . Los generales estuvieron de acuerdo con estas palabras de Vespasiano . . .”
La Guerra de los Judíos – Libro IV (67 – 69 d.C.)

3. Hambres

“habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.”

Cuando gobernaba Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico (45 d.C.).

“Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio.”
Hechos 11:28

El historiador judío Flavio Josefo nos cuenta como la Reina Helena de Adiabene (lugar situado probablemente en el norte de la Mesopotamia entre Asiria y Armenia) que se había convertido al Judaísmo fue a Jerusalén (46 d.C.) y ayudó a los habitantes de Jerusalén:

“Su llegada resultó sumamente provechosa y útil para los habitantes de Jerusalén. En efecto, como el hambre asolara en aquel preciso momento su ciudad y gran número de ellos estuvieran a punto de perecer por falta de recursos económicos, la reina Helena envió a algunos de sus hombres, uno a Alejandría a invertir allí grandes sumas de dinero en la compra de trigo y otros a Chipre, a traer un cargamento de higos pasos. Y cuando hubieron regresado unos y otros trayendo los citados víveres, cosa que hicieron rápidamente, los distribuyó entre los menesterosos para que se alimentaran y con ello dejó en boca de todo nuestro pueblo el recuerdo profundo y perenne de tan noble gesto. También su hijo Izates, enterado del azote del hambre, envió a las autoridades de Jerusalén grandes sumas de dinero, que distribuidas entre los pobres, salvó a muchos de las garras violentísimas del hambre.”
Antigüedades Judías – Libro XX

“A los romanos no les pasaba inadvertido el hambre que había en el interior de la ciudad, que ahora consumía al pueblo y que no mucho después acabaría con los combatientes . . . los judíos tenían dentro a un enemigo invencible que crecía de hora en hora, a no ser que fueran capaces de levantar sus armas contra el hambre . . . La comida era miserable y el espectáculo era digno de llanto: los más fuertes tenían demasiado, mientras que los débiles se lamentaban. Realmente el hambre acaba con todos los sentimientos, pero no hay nada que destruya tanto como a la vergüenza, pues en estas circunstancias se desprecia lo que en otras ocasiones es objeto de respeto.”
La Guerra de los Judíos – Libro VI (70 d.C.)

4. Pestilencias

“habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.”

El historiador romano Cayo Cornelio Tácito afirma:

“Aquel año (65 d. C.) manchado por tantos crímenes, se vio distinguido todavía por los dioses con tempestades y epidemias. Fue asolada la Campania por un huracán que por todas partes destrozó villas, árboles y cosechas, haciendo llegar su fuerza hasta las cercanías de la Ciudad, en la cual, entretanto, el género humano se veía devastado por una peste sin que el cielo mostrara señales visibles de perturbación. Pero las casas se llenaban de cuerpos exánimes, las calles de duelos. No respetaba el peligro sexo ni edad; morían repentinamente por igual esclavos y plebeyos libres, en medio de las lamentaciones de cónyuges e hijos, que por haber permanecido a su lado llorándolos acababan a menudo ardiendo en la misma pira.”
Cayo Cornelio Tácito. Anales, Libro XVI

El historiador judío Flavio Josefo relata:

“. . . en un primer momento la estrechez del lugar les propició una peste destructiva y más tarde un hambre voraz.”
Las Guerras de los Judíos – Libro VI (70 d.C.)

5. Terremotos

“habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.”

Cuando murió Jesús hubo un terremoto y también cuando resucitó:

“El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.”
Mateo 27:54

“Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.”
Mateo 28:2

Cuando Pablo y Silas estaban en la cárcel hubo también un gran terremoto:

“Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.”
Hechos 16:26

Más terremotos:

“Muchos prodigios sucedieron aquel año (51 d.C.): se posaron sobre el Capitolio aves de mal agüero, repetidos terremotos hicieron caer edificios, y el temor a daños mayores produjo en la masa un pánico en el que perecieron aplastados los más débiles; también la escasez de cosechas y el hambre que provocó se interpretaban como prodigios.”
Cayo Cornelio Tácito. Anales, Libro XII

“En el mismo año Laodicea (60 d.C.), una de las ciudades notables de Asia, fue derruida por un terremoto y se volvió a levantar por sus propios medios sin ayuda por nuestra parte.”
Cayo Cornelio Tácito. Anales, Libro XIV

“fue en gran parte destruida por un terremoto Pompeya, ciudad muy poblada de Campania (62 d.C.)”
Cayo Cornelio Tácito. Anales, Libro XV

“Aquel año (65 d.C.) manchado por tantos crímenes, se vio distinguido todavía por los dioses con tempestades y epidemias. Fue asolada la Campania por un huracán que por todas partes destrozó villas, árboles y cosechas, haciendo llegar su fuerza hasta las cercanías de la Ciudad, en la cual, entretanto, el género humano se veía devastado por una peste sin que el cielo mostrara señales visibles de perturbación."
Cayo Cornelio Tácito. Anales, Libro XVI

“Por la noche estalló una inmensa tormenta, con fuertes vientos, lluvias torrenciales, continuos relámpagos, violentos truenos y con unos terribles temblores de tierra. Esta confusión de los elementos del universo era una prueba evidente de la destrucción de los hombres y se podría conjeturar que era la señal premonitoria de una gran catástrofe.”
La Guerra de los Judíos – Libro IV (67-69 d.C.)

En el Evangelio de Lucas encontramos dos señales más:

“. . . y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo.”
Lucas 21:10 y 11

6. Grandes señales del cielo:

El historiador judío Flavio Josefo nos dice en “Las Guerras de los Judíos” en el Libro Sexto (70 d.C.) que:

“sobre la ciudad apareció un astro, muy parecido a una espada y un cometa que permaneció allí durante un año. Esto también había tenido lugar antes de la revuelta y de que se iniciaran las actividades bélicas, cuando, reunido el pueblo para la fiesta de los Ácimos (la Pascua), el día ocho del mes Jántico (abril), en la hora nona de la noche brilló durante media hora una luz en el altar y en el Templo con tanta intensidad que parecía un día claro. Para los no entendidos esto era una buena señal, mientras que los escribas sagrados lo interpretaron de acuerdo con los acontecimientos inmediatamente posteriores. Por otra parte, en la misma fiesta, una vaca, que era llevada al sacrifico, parió un cordero en medio del Templo. A la sexta hora de la noche se abrió ella sola la puerta oriental del Templo exterior, que era de bronce y tan pesada que por la tarde a duras penas podían cerrarla veinte hombres . . . Después de la fiesta, no muchos días más tarde, el veintiuno del mes de Artemisio (mayo), se vio una aparición sobrenatural mayor de lo que se podría creer. Creo que lo que voy a narrar parecería una fábula, si no lo contaran los que lo han visto con sus ojos y no estuvieran en consonancia con estas señales las desgracias que acaecieron después. Antes de la puesta del sol se vieron por los aires de todo el país carros y escuadrones de soldados armados que corrían por las nubes y rodeaban las ciudades. Además, en la fiesta llamada de Pentecostés los sacerdotes entraron por la noche en el Templo interior, como tienen por costumbre para celebrar el culto, y dijeron haber sentido en primer lugar una sacudida y un ruido y luego la voz de una muchedumbre que decía: ¨Marchémonos de aquí¨ . . . Si uno reflexiona sobre estos hechos, se dará cuenta de que Dios se preocupa de los hombres y de que él anuncia a su raza de todas las formas posibles los medios de salvación, y que, sin embargo, ellos perecen por su demencia y por la elección personal de sus propias desgracias.”

El historiador romano Cayo Cornelio Tácito también nos relata estas señales:

“Se habían manifestado prodigios que ni con inmolaciones ni con ofrendas votivas tiene permitido conjurar este pueblo pasto de la superstición y hostil a las prácticas religiosas: en el cielo se vio enfrentarse a dos ejércitos; sus armas refulgían y súbitos relámpagos iluminaron el templo. Las puertas del santuario se abrieron de repente y una voz sobrehumana anunció que los dioses estaban saliendo —y al instante se sintió el imponente movimiento de su salida.”
Libro Quinto de las Historias de Cayo Cornelio Tácito (69 – 70 d.C.)

Todas estas señales solamente serían el principio de los dolores como Jesús nos indica a continuación:

“Y todo esto será principio de dolores.”
Mateo 24:8

MATEO 24:9-13

© 2019 Ministerio Luz a las Naciones
Cookies make it easier for us to provide you with our services. With the usage of our services you permit us to use cookies.