Capítulo 1

Cuando el hombre olvida . . .

¡Dios recuerda!

Un visitante inesperado

Las sombras de la noche cubrían mi pequeña habitación, mis ojos completamente abiertos observaban lo que mi vista me permitía ver y de repente lo vi, estaba allí, una figura inquietante que producía asombro y misterio, estaba vestido con un extraño traje cubierto de rombos con diferentes tonalidades de rojo, se encontraba justo al lado de mi puerta, sin apartar su mirada de mí, con una sonrisa siniestra y sus manos extendidas hacia mí como si me estuviera ofreciendo su amistad . . . sí, era real, no sé por dónde entró y tampoco sé por qué me visitó, pero allí estaba él, un visitante nocturno, un visitante inesperado . . . un arlequín.

Por alguna extraña razón no sentí miedo al contemplarlo aunque sí tuve la necesidad de mandarle que saliera de mi habitación, por eso, sin ninguna dilación, después de haber echado un vistazo al aspecto de mi visitante le ordené, en el nombre de Jesús, que se marchase, su sonrisa desapareció de su rostro y una tristeza invadió su cara, sus hombros se relajaron y todo su cuerpo se giró hacia la puerta preparándose para abandonar mi habitación, cuando empezó a caminar me di cuenta que no se movía del lugar donde había estado unos segundos antes, todos los movimientos de su cuerpo indicaban que estaba andando pero la distancia que recorría mostraba que no era cierto, cuando hubo terminado de actuar se detuvo, me volvió a mirar, recuperó su sonrisa sibilina y me extendió sus brazos de nuevo, le volví a mandar, en el nombre de Jesús, que saliera de mi habitación y una vez más el arlequín repitió su actuación anterior. Esto sucedió tres veces y después . . . me desperté.

Este sueño tan desconcertante que tuve me abrió los ojos a la realidad espiritual que estaremos viendo en las siguientes páginas de este libro: Dios habla en sueños y visiones nocturnas.

La misma noche que vi al arlequín Dios me dio otro sueño un tanto extraño.

La tela de araña

Estando en la cama me di cuenta que tenía algo molesto en mi boca, algo muy similar a una tela de araña (para que tengamos una idea más clara lo que yo tenía en mi boca era semejante al algodón dulce que venden en las ferias) intenté sacarlo de mi boca y de hecho pude lograr sacarme una parte de ese algodón pero todavía me quedaba más, después de varios intentos . . . me desperté.

¿Qué significado tendría el arlequín del primer sueño? ¿Tendría el primer sueño alguna relación con el segundo? ¿Cómo llegó la tela de araña a mi boca? ¿Serían sueños espirituales o serían sueños causados por una suculenta cena de pizza a la barbacoa?

Mi mente estaba plagada de interrogantes que venían una y otra vez a mis pensamientos, estos sueños que tuve fueron tan reales para mí que me podía acordar perfectamente de todo lo que vi y de las sensaciones que experimenté. El impacto causado por estos sueños me duró varios días.

Después de compartir los sueños con varias personas, una de ellas se acercó y me dijo que conocía a un joven que Dios usaba para interpretar sueños, al estar tan intrigado por el significado de mis sueños, no tardé mucho en contactar con él y concertar mi primera cita, pero antes de continuar la historia, retrocedamos un poco en el tiempo.

Oraciones olvidadas

Nunca me ha gustado irme a la cama, de hecho a ninguno de mi familia le gusta ir a la cama por eso por la noche leemos, escuchamos música, vemos la tele . . . Desde que me convertí una de mis oraciones era la siguiente: “Señor ya que me tengo que ir a la cama háblame en sueños para que realmente pueda aprovechar bien el tiempo entre mis queridas sábanas.” Esta oración la hacía noche tras noche . . . y mañana tras mañana me despertaba sin haber recibido ningún sueño espiritual y preguntándome por qué Dios no había contestado a mi oración. El tiempo pasó, mi manera de ver la noche cambió ligeramente, mis oraciones ya no eran las mismas, en otras palabras yo cambié. Y cuando menos lo esperaba, cuando todo parecía que iba a ser normal y que nada extraño me iba a acontecer . . . apareció el arlequín.

Tengo que reconocer que cuando tuve los primeros sueños espirituales de Dios me pillaron totalmente por sorpresa, hacía mucho tiempo que había dejado de orar para que Dios me hablara en sueños, ya no pensaba en la posibilidad de recibir ningún mensaje de Dios mientras dormía, pero Dios no se olvidó de mis oraciones (que bueno es saber que Dios nunca se olvida de nuestras oraciones) y cuando yo olvidé lo que había orado, Dios me lo recordó dándome sueños y visiones nocturnas.

Cuando Dios empezó a darme algunos sueños y me permitió ver visiones nocturnas intenté estudiar el tema, pero lamentablemente la falta de literatura cristiana acerca de los sueños y visiones me dejó en mi ignorancia y teniendo que enfrentarme por mi cuenta a algo totalmente desconocido para mí. Por eso di gracias a Dios cuando me dijeron que había un intérprete de sueños que podía mostrarme la interpretación correcta de los sueños y visiones que había tenido. Y ese día tan esperado llegó, y el intérprete apareció y la interpretación fue revelada.

El arlequín da la cara

Después de acabar la reunión, en la iglesia de Daimiel, mi corazón estaba expectante, había llegado el momento de conocer a este intérprete y saber lo que Dios me había querido decir a través de los sueños y visiones que tuve. El intérprete era simpático, un poco reservado y bastante enigmático, tendría unos 23 años y el color de su piel y sus rasgos indicaban que pertenecía a la iglesia de Filadelfia. Unas amigas de la iglesia me presentaron al intérprete y le contaron mi situación y lo que me había acontecido unas pocas noches antes. El intérprete me dijo que si Dios no le daba la interpretación no podría hacer nada, en ese momento mis esperanzas se desvanecieron durante unos segundos pero volvieron a resurgir al pensar que Dios había preparado todo para que nos conociésemos ese día y pudiera ayudarme.

Cuando empecé a contarle mis sueños me miraba con mucha atención y me hacía preguntas bastantes desconcertantes y misteriosas, realmente no sabía lo que pensar, pero sus preguntas me indicaban que estaba captando algo que yo no había podido percibir . . .

- Bien - me dijo el intérprete - ¿Estás dispuesto a averiguar lo que Dios te ha querido mostrar con estos sueños?

¡Vaya pregunta! Después de estar tanto tiempo comiéndome el coco para saber lo que podían significar y después de haber hecho todo lo posible para conocerle.

- Por supuesto que sí. - le repliqué.

- Juan - me dijo pausadamente - el arlequín del primer sueño eras tú.

Tengo que reconocer que esperaba oír cualquier cosa menos eso, yo incluso pensaba que el arlequín era un demonio y al final resulta que ese misterioso ser era yo. La verdad es que la razón por la que no me reconocí es porque su cara estaba totalmente pintada de rombos con diversas tonalidades de rojo.

- Sigue, sigue. - le dije.

- El traje de color rojo representa tu carnalidad y tus pecados.

Las cosas se iban poniendo peor, el arlequín era yo y el traje rojo representaba mi carnalidad y pecado, ¡menos mal que sólo había tres hermanas en la Fe escuchando la interpretación!, pero todavía no había acabado.

- Juan, tú intentas deshacerte de tu pecado y de tu carnalidad y crees que realmente quieres hacerlo, pero en tu corazón no quieres cambiar, no quieres abandonar tu pecado, por eso cuando le mandabas al arlequín que saliera de la habitación se ponía triste y no se quería ir y de hecho no se movía de su sitio aunque aparentase lo contrario.

¡Qué humillación! Con la fama que yo tenía de ser espiritual y ahora este intérprete me está diciendo que hay carnalidad y pecado en mí y además que yo no quiero realmente cambiar. Vaya palo que me dio el intérprete, bueno, en realidad tengo que reconocer que no fue el intérprete, el palo me lo dio el propio Señor por lo cual estaré eternamente agradecido, aunque en un principio me doliera un poco.

Las hermanas que estaban conmigo se quedaron blancas sin saber cómo reaccionar ¿Estaría este intérprete cometiendo un error? ¿Se estaría inventando todo? Ellas no tenían ni idea de nada, pero yo sabía que lo que me estaba diciendo era la pura verdad. La interpretación de este sueño me entristeció, pero fue la tristeza que Dios produce para que nos arrepintamos y seamos restaurados (II Co. 7:9-10).

A estas alturas ya no sabía si decirle que me dijera el significado del segundo sueño o salir corriendo.

- Bueno- pensé yo- después de lo que me ha dicho no creo que me pueda decir algo peor, la segunda parte será algo positivo . . . ¡Qué equivocado estaba!

- En el segundo sueño tú te sacabas algo blanco de tu boca, algo similar al algodón, ¿verdad? - me preguntó.

- Sí, sí - contesté tímidamente.

- El algodón que tú tenías en la boca era . . . maná - me dijo.

Mis ojos se abrieron de par en par ya que yo desconocía totalmente cómo era el maná.

- El maná - prosiguió el intérprete - representa la Palabra de Dios y lo que Dios te ha dicho, querías sacártelo de tu boca porque no estás aceptando la Palabra de Dios y lo que El te ha hablado personalmente.

Si el primer sueño me dejó atontado, el segundo me tumbó completamente. Ya empezaba a dudar de lo que el intérprete me decía, ¿Tendrá este intérprete algo en contra de los payos? La verdad es que no sabía lo qué pensar.

- Juan, medita en lo que te he dicho y recuerda que en los sueños de Dios, El nunca nos ensalza, El siempre nos humilla.

Me quedé pensando en sus palabras y me pregunté a mí mismo: “¿Y será verdad?”

En el fondo de mi corazón sabía que Dios me había hablado, efectivamente El me había humillado, El me había mostrado que no estaba viviendo bien, me mostró cosas fuertes, pero necesarias para la situación en la cual me encontraba. Cuando regresamos a Ciudad Real, las hermanas que me acompañaban no sabían qué decir y yo tampoco tenía muchas ganas de hablar, pero a partir de ese día fui otra persona diferente, como estarás imaginando me arrepentí, pedí perdón al Señor y le pedí su gracia para caminar en su voluntad. Dios usó unos sueños para mostrarme que mi vida espiritual no iba bien y que necesitaba confrontar esa situación.

Posteriormente tuve otro sueño que también trajo mucha bendición y una respuesta inesperada a mi vida.

Persiguiendo a mi enemigo

Estaba experimentando ataques fuertes espirituales, no tenía ganas de orar, cuando me ponía a leer la Biblia me cansaba enseguida y no oía la voz de Dios, no me apetecía estar con otros hermanos y cuando estaba en una reunión me miraba constantemente el reloj deseando salir de allí pitando. En esos días empecé a creer que había alguien maldiciéndome o había un espíritu demoníaco específico oprimiéndome y causándome mal estar en muchas áreas de mi vida. ¿Habría una bruja maldiciéndome? ¿Por qué me encuentro tan mal? ¿Quién será el enemigo que hay detrás de todo esto? Estas preguntas me las estuve haciendo durante algunos días hasta que por fin . . . llegó la noche y el Señor me visitó y me dio el siguiente sueño:

El joven al que yo perseguía no quería parar, yo le gritaba una y otra vez: “Detente, detente”, el joven hacía caso omiso a mis llamadas y no paraba de correr, yo corría desesperadamente porque sabía que este joven era mi enemigo, era el enemigo que me había estado causando tantos problemas en mi vida, yo corría sin parar y de vez en cuando gritaba: “Detente”, repitiéndome a mi mismo: “No puedo dejarlo escapar, lo tengo muy cerca” La distancia se empezó a acortar y se fue acortando más y más y más y más hasta que . . . “Te atrapé” le dije al joven cogiéndole del hombro. Cuando este joven volvió su cara hacia mí y lo vi por primera vez casi me da algo, ese joven al que yo había estado persiguiendo todo el rato, al que yo consideraba mi enemigo y el causante de mis males era . . . era . . . era YO. ¡Menuda sorpresa! Yo esperaba encontrar a una mujer mayor con una verruga en la nariz o a alguna otra persona conocida, pero para sorpresa mía ese enemigo era yo. Al atraparle y al comprobar su identidad le dije:

- Dime quién eres.

- Dime quién eres - me respondió.

- Dime cómo te llamas - le pregunté.

- Dime cómo te llamas - me contestó.

Por medio de este sueño me di cuenta que muchas veces queremos echar la culpa a otras personas de nuestra situación cuando somos nosotros los verdaderos culpables, somos, en muchas ocasiones, nuestros propios enemigos.

En otra ocasión Dios me dio un sueño donde me mostró que me estaba acomodando y no estaba creciendo espiritualmente.

Una reprensión a tiempo

En 1993 viví durante tres meses en Las Cruces, New México, me quedé con Ty y Connie y sus hijos. Ty y Connie eran los pastores de una congregación llamada la Iglesia Triunfante, mi estancia en USA fue un tiempo que Dios usó para renovarme y levantarme, fue un tiempo inolvidable y que siempre recordaré con gratitud. Cuando me quedé dormido esa tarde no pensaba que iba a recibir una visitación de Dios, pero El tenía que decirme algo que yo debía escuchar:

Ty y Connie estaban muy serios y disgustados conmigo, a mí me dolía verlos de esa manera ya que son muy buenos amigos míos y los quiero como si fueran mis padres, por eso yo estaba hecho polvo al observar cómo se encontraban y lo que pensaban de mí. En este sueño me decían con lágrimas en sus ojos lo siguiente: “Juan, no has cambiado nada, no has crecido espiritualmente, desde que no te vemos hasta ahora sigues prácticamente igual, estás acomodado y estamos tristes.” En el sueño yo tenía ganas de llorar y pensaba: “¡Dios mío! es verdad lo que me están diciendo, me he acomodado, creo que ya no necesito cambiar, creo que ya tengo una buena posición, pero la verdad es que me he acomodado.” Cuando desperté me sentía triste y empecé a clamar a Dios: “Señor, perdona mi comodidad, perdona mi apatía, perdona mi indiferencia, perdóname porque pensaba que había llegado un punto en mi vida donde no necesitaba cambiar, pero no es verdad, necesito cambiar, te necesito cada día, quiero hacer tu voluntad.” Debo admitir que, gracias a este sueño, Dios me mostró una actitud errónea que albergaba en mi corazón y pude darme cuenta de mi autoengaño. Una vez más, Dios usó un sueño para mostrarme mi situación y librarme al mismo tiempo de ella y de sus consecuencias. Por eso un rabino dijo lo siguiente:

“Un mal sueño es mejor que un buen sueño ya que lleva a la persona a reflexionar y a modificar su camino.”

Dios ha usado de una forma poderosa los sueños y las visiones en mi vida y doy gracias a Dios por cada sueño y visión que El me ha dado, la Biblia enseña que Dios habla de varias maneras a los hombres ¡Qué pena que tantas veces no nos enteremos cuando Dios nos está hablando!

“Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; Pero el hombre no entiende. Por sueño, en visión nocturna, cuando el sueño cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el lecho, entonces revela al oído de los hombres, y les señala su consejo, para quitar al hombre de su obra, y apartar del varón la soberbia. Detendrá su alma del sepulcro, y su vida de que perezca a espada.”
Job 33:14-18

Dios aparta al hombre de lo que está haciendo, lo aparta de la soberbia y de su orgullo por medio de lo que Dios le habla en sueños y visiones nocturnas. A través de los sueños, Dios nos libra de nuestro camino de muerte y nos conduce al camino de la vida, nos protege y nos libra de la espada del enemigo y nos lleva de victoria en victoria en Cristo Jesús.

En otras ocasiones, Dios nos revelará por un sueño lo que realmente hay en el corazón de las personas, esto ha sido muy útil en mi vida y me ha librado de ser engañado en más de una ocasión, me gustaría, para finalizar este primer capítulo, relatar uno de los últimos sueños que Dios me ha dado.

La oveja negra

Estaba en una clase enseñando inglés y de repente pude notar la presencia de una oveja atada en un poste (de los de la luz) que se me acercaba con cara de tener pocos amigos. Lo interesante de esta oveja era su color, era negra, no sé si hay ovejas negras, pero esto es lo que vi en el sueño: Esta oveja empezó a acercarse a mí y yo empecé a huir de ella, al estar atada por una gran cuerda no me di cuenta y me enredé las piernas en su cuerda, al quedar yo atrapado la oveja se acercó y me mordió los dedos de mis manos llegándome a inmovilizar, de repente, me vi metido en un coche blanco con mi mujer, mi hijo Oscar y dos de mis hermanas, la que conducía era mi hermana Mara, cuando pasamos por una calle un perro rabioso, sucio y de color marrón, empezó a perseguirnos y a ladrarnos, yo veía como el hocico del perro se chocaba en la ventanilla de nuestro coche intentando mordernos, si no hubiéramos estado en el coche posiblemente nos hubiera mordido hasta quitarnos la vida . . . El sueño tiene otros detalles que me reservaré. En este sueño, Dios me mostró dos aspectos diferentes de una persona: lo natural y lo espiritual. En lo natural, esta persona estaba manchada por el pecado, era negra, era peligrosa y además quería hacerme daño; en lo espiritual, esta misma persona tenía un demonio rabioso que quería hacer daño no solamente a mí, sino también a mi mujer, a mi hijo y a mis dos hermanas. Cuando desperté se lo comenté a mi mujer y los dos coincidimos en la persona de la que se trataba, esto me abrió los ojos y me advirtió de lo que esta persona estaba tramando. Nos pusimos a orar por protección y Dios nos libró de todo el mal que esta persona deseaba hacernos, sus ataques fueron infructuosos ¡Aleluya! Yo pensaba que esta persona era amiga mía, por tanto si alguien me hubiera dicho lo que estaba tramando no lo hubiera creído, pero Dios usó un sueño para poner en mi corazón un conocimiento que de otra manera no hubiera aceptado. Un detalle muy interesante es que después de ver y participar en la escena del perro rabioso, el sueño cambió y de repente me encontraba en mi cama, en ese momento mi mujer me dijo: “Juan, escribe el sueño”, después de escuchar estas palabras me desperté bastante turbado, por supuesto mi mujer estaba a mi lado pero completamente dormida, tengo que reconocer que esas palabras me han motivado a compartir este sueño con todo el que lea este libro. Recientemente Dios me dio un sueño con la misma persona y ésta me miraba y me preguntaba: “¿Qué es lo que te mueve?”, la respuesta que le di fue contundente: “Yo me muevo por convicción y por principios.”, después de decirme esto se acercó a mi mujer y empezó a susurrarle una maldición. No es necesario que diga que después de tener ese sueño me puse a orar y a quebrantar toda maldición en contra de mi mujer.

Sueños que nos transforman, sueños que nos renuevan, sueños que nos avisan, sueños que nos consuelan, sueños que nos levantan, sueños, sueños, sueños . . . pero, ¿qué dice la Escritura al respecto?

CAPÍTULO 2